
Ajá, así es como se suben las fotos...
Artículos, lecturas y publicaciones. Por Emilio Castillo - Editor Kamikaze -
El otro día fui a casa de un amigo, me abrió su mujer y, al preguntarle por su marido, me dijo algo exaltada: «Pues mira, está allí dentro con la novia». Ella se refería a que su esposo estaba cara al monitor conectado a Internet, pero para mi amiga era como si estuviera con la otra ya que pasaba más tiempo encadenado a la red que con ella.
Este es uno de los cambios que Internet está creando en este principio de siglo; por una parte favorece las relaciones personales ya que permite que personas, a miles de Km. de distancia, se relacionen, aunque sea por medio de un monitor; además es una forma de conocer gente y entablar nuevas amistades. La otra cara de la moneda, es cuando en una pareja alguno de los dos dedica demasiado tiempo a sentarse frente al ordenador ya que le suele proporcionar más placer que compartir el tiempo de ocio con su pareja.
Hace unos años cuando una buena parte del tiempo libre, sobre todo en invierno, lo dedicábamos a ver la tele había una gran diferencia con Internet ya que se podían sentar varias personas frente al televisor y, aunque se discutía por apoderarse del valioso mando, al menos servía para que una familia se reuniera en un mismo lugar.
Pero a partir de que Internet entra en un hogar, el individualismo crece de una forma desmesurada; la mayoría se olvida rápidamente de la tele basura y se enganchan a una red en la que encuentran más satisfacción que en cualquier otro lugar de la casa.
Quienes sucumben a las relaciones virtuales en el ciberespacio, en charlas en vivo o sitios de encuentros y de contactos donde resulta muy fácil empezar una relación virtual, aunque muchas veces mintiendo sobre su edad, trabajo, peso y estado civil mantienen la ilusión afrodisíaca de ser todopoderosos, aunque las estadísticas dicen que los cibernautas que quedan para una cita real, normalmente, duran poco ya que el encuentro cara a cara suele ser bastante decepcionante.
Yo no quiero entrar en una valoración pura y dura, pero lo que veo bastante claro es que Internet va a proporcionarnos más cambios de los que nosotros nos hemos imaginado.
Natxo Monzó
En un tren se encuentran sentados, uno frente a otro, un afamado biólogo, premiado internacionalmente, y un casi analfabeto campesino del lugar. El primero, con un impecable y formal traje gris oscuro; el otro, con unos gastados pero limpios calzones de campo. Rodeado de libros, el científico. Con un pequeño hatillo de ropa, el lugareño.
¿Va a leer todos esos libros en este viaje? - pregunta el campesino.
No, pero jamás viajo sin ellos – contesta el biólogo.
¿Y cuándo los va a leer?
Ya los he leído... Y más de una vez.
¿Y no se acuerda?
Me acuerdo de éstos y de muchos más...
Qué barbaridad... ¿Y de qué tratan los libros?
De animales...
Qué suerte deben tener sus vecinos, tener un veterinario cerca...
NO soy veterinario, soy biólogo.
¡Ahhhh...! ¿Y para qué sirve todo lo que sabe si no cura a los animales?
Para saber más y más... Para saber más que nadie.
¿Y eso para qué le sirve?
Mira... Déjame que te lo muestre y, de paso, quizá, haga un poco más productivo este viaje. Supongamos que tú y yo hacemos una apuesta. Supongamos que por cada pregunta que yo te haga sobre animales y tú no sepas contestar, me dieras, digamos, un euro. Y supongamos que por cada pregunta que tú me hagas y sea yo el que no sabe contestar, te diera cien euros... A pesar de lo desigual de la retribución económmica, mi saber inclinaría la balanza a mi favor y al final del viaje yo habría ganado un poco de dinero.
El campesino piensa y piensa... Hace cuentas mentalmente ayudándose con los dedos.
Finalmente, dice:
¿Está seguro?
Convencido – contesta el biólogo.
El hombre de los calzones mete la mano en su bolsillo y busca una moneda de un euro (el campesino nunca apuesta si no tiene con qué pagar).
¿Yo primero? - dice el campesino.
Adelante – contesta, confiado, el biólogo.
¿Sobre animales?
Sobre animales...
A ver... ¿Cuál es el animal que tiene plumas, no pone huevos, al nacer tiene dos cabezas, se alimenta exclusivamente de hojas verdes y muere cuando le cortan la cola?
¿Cómo? - pregunta el científico.
Digo que cuál es el nombre del bicho que tiene plumas, no pone huevos, nace con dos cabezas, come hojas verdes y muere si le cortan la cola.
El científico se sorprende y hace un gesto de reflexión. En silencio, enseguida se pone a buscar en su memoria la respuesta correcta. Pasan los minutos. Entoncces se atreve a preguntar:
¿Puedo usar mis libros?
¡Claro! - contesta el campesino.
El hombre de ciencia empieza a abrir varios volúmenes sobre el asiennto, busca en los índices, mira las ilustraciones saca un papel y toma algunos apuntes. Luego bajo del porta equipajes una maleta enorme y saca de ella tres gruesos y pesados libros que también consulta.
Pasan un par de horas y el biólogo sigue revisando páginas y mirando y musitando mientras apunta extraños gráficos en su libreta.
El altavoz anuncia finalmente que el tren está entrando en la estación de destino. El biólogo acelera su búsquea, transpirando y respirando un poco agitado; pero no tiene éxito. Cuando el tren aminora la marcha, el científico mete la mano en el bolsillo y saca un flamante billete de cien euros y se lo entrega al campesino diciéndole:
Uste ha ganado... Sírvase.
El campesiono se pone de pie y, agarrando el billete, lo mira contento y lo guarda en su bolsillo.
Muchas gracias – le dice. Y tomando su hatillo, se dispone a partir.
-Espere, espere – lo detiene el biólogo - , ¿Cuál es ese animal?
Ahh... Yo tampoco lo sé... -dice el campesion. Y, metiendo la mano en el bolsillo, saca la moneda de un euro y se la da al científico diciendo:
Aquí tiene un euro. Ha sido un placer conocerlo señor...
SHINRITI
Jorge Bucay
VIVIR
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no pregunta de un asunto que desconoce o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará
que conquistemos una espléndida felicidad.
Pablo Neruda