26 de octubre de 2005
Eran las tres de la tarde, después de la última clase en el instituto. Esperé a la entrada del hall hasta que mi amigo terminó de charlar con algunos compañeros. Me sentía algo irritado, la jornada había sido tediosa y no conseguí satisfacer mi hambre inherente, esa que nunca consigo identificar pero siempre me espera en todos los rincones de mi vida. A veces, el viejo edificio con sus muros pintados de azul y sus persianas agujereadas se me antojaba un tanatorio de reclusión para enfermos de vagancia e insipidez. Mi vida no era insípida, pero el mundo que me rodeaba hacía el papel de sórdido ambiente inmaduro, incoloreado y vacuo. Solo quedaba la escapada. Por eso, cada dia a las tres esperaba junto al hall para despedirme de la rutina, de los compañeros y de toda la entrañable gama de visiones, de perfiles que provocaban hilaridad y, también, de vez en cuando, espejos de ternura que solo yo podía percibir. Y sobretodo el hambre a dos bandas. El estómago refunfuñaba tras cuatro horas sin tomar bocado y el alma pedía algo indefinido, sutil, pero doloroso.
Mi amigo, el “grandullón”, vino hacia mi caminando a grandes zancadas con una expresión indiferente en su rostro. Me hizo un gesto y nos largamos de allí. Pronto, me preguntó:
- ¿Hoy vienes hasta mi casa?-
- Sí, necesito estirarme y divagar un poco contigo. Joder, hoy he tenido un dia de plomo-
- ¿A qué te refieres?-
- Nada, que me cansa tener a tanto capullo a mi alrededor. No me he enterado de la mitad de clases con los gritos y las chorradas de la profe-
- Psé, es lo de siempre. Por lo menos te echas unas risas con ellos-
Miré a mi alrededor, el gran paseo que conducía recto hasta las afueras de la ciudad, grupitos de chavales con sus mochilas y sus ademanes y el viejo lotero que siempre me cantaba al oído su monserga de la buena suerte. Por un instante miré al cielo y vi nubes dibujando algo. El ambiente cálido estimulaba la imaginación.
-Lo de siempre, sí, pero yo necesito echarme a volar y olvidar a todos los mierdillas-
- Ya te estas poniendo gruñón. Olvídalo, ¿quieres?-.
Le miré despectivo y a continuación le dije con un moderado tono sarcástico:
- No puedo olvidar que allá fuera, lejos de esta ciudad y de esta tierra, hay otras alternativas a descubrir. ¿No te cansa la gente y su rutina?. Por favor, amigo, comparte mi ansiedad-.
- No me vengas ahora con tus delirios, tengo hambre y solo quiero descansar , comer y echar una siesta-.
Puse mi brazo sobre el hombro de el grandullón ,sin orgullo y con un afecto espontáneo, contemplé su rostro de perfil y el brillo de sus grandes ojos verdes. Apreté su hombro derecho, le mire fijamente y le dije con sorna:
- Yo tendría que haber sido hijo tuyo, amigo mío-
- ¿Pero qué chorradas dices?- me replicó, un tanto molesto y escandalizado.
No contesté, me quedé callado, le dirigí una sonrisa burlona y miré de nuevo hacia el cielo. Allá arriba podía entenderme a mi mismo. Yo tenía padres, pero era huérfano. Nací con algo clavado en mi alma. O, en otro caso, nunca lo supe, con la ausencia de un pedazo de alma arrancada. Quizá alguien me robó ese pedazo cuando era un bebé, en el centro de la inocencia más absoluta, dejándome desprotegido, a la deriva. Y, por eso, siempre hambriento, buscando algo más que oxígeno y materia bruta. Ese pedazo que me faltaba, me producía una nostalgia o una melancolía dulce, lúdica y sombría a la vez. Ambas, nostalgia y melancolía, se entremezclaban nublando mi visión, creando un misterio a cada paso que avanzaba, a cada nueva resolución. Dado que nací huérfano y con parte de mi alma despedazada, siempre fui distinto. Mi vida era dulce pero en mis paisajes interiores se desataban tormentas. Tormentas como la que aquel dia tuvo lugar en el interior del viejo instituto. A la salida y junto a mi amigo, intentaba disipar borrascas. Miraba al cielo, a mi amigo, a los paseantes desconocidos y al perfil de los callejones que nos salían al paso. Buscaba la respuesta y el origen, de forma estúpida y absurda.
No hubo mucho más. Yo y el grandullón charlamos durante unos diez minutos a la sombra de un árbol, en el parque que había cerca de su casa. Algunos recordatorios, una reflexión sobre un amigo común, unas pocas risas por la pedantería de la profe de Geografía. Me despedí, tenía hambre y la parada del autobús me pillaba algo lejos. Cuando ya estábamos a cierta distancia, me dijo:
- Espero que mañana sea un dia diferente-.
- Todos los días son nuevos. Son ellos los que van envejeciendo-. respondí con vehemencia.
Tras el último gesto del grandullón, me despedí definitivamente e inicié el camino en busca de comida y consuelo.
El piso donde yo vivía estaba en la playa, en un bloque de apartamentos frente al mar. Hacía año y medio que nos trasladamos desde la ciudad a la costa, por imperativos económicos. Todos las tardes de Lunes a Viernes hacía mi periplo en autobús para llegar hasta allá, en un transporte destartalado, de un azul mortecino y motores renqueantes . Aquel dia ,marcado por la inquietud de mi alma,el trayecto semejaba un viaje inhóspito por el desierto, en busca del destino, de la nueva rutina, de alguien que encontrara las respuestas. Dejaba perder mi vista en los paisajes que se veían a través de los ventanales. Yo pensaba en lo feliz que era, a pesar de todo. Grandes extensiones de campo y casitas unifamiliares bajo un cielo azul y un horizonte puro e infinito, más allá del borde trazado en el perfil de los montes que adornaban, cada dia, la hora del ocaso. Dibujos, esencias y perfiles de mi mundo y de mi gente. Toda una amalgama a la que mis ojos dotaban de un lirismo profundo, el verdadero hogar, la patria de mis sentidos. Yo estaba vivo y formaba parte de la épica del paisaje. Aquel era el primer consuelo antes de llenar el estómago.
Bajé del autobús y comencé a andar hacia la puerta principal. Una vez dentro me salió al paso la vieja comadrona y el viejo bonachón, ambos de sonrisas fugaces. Subí las escaleras hasta mi piso. Nadie en casa y la comida esperando en la nevera. Comí con gusto, con ese gusto que solo tiene oportunidad de ser cuando la soledad me acompaña y el televisor esta apagado. Después de la comida prolongué el disfrute de estar solo en casa. Caminé por el pasillo, deteniéndome a observar las habitaciones vacías y el hermético silencio que emanaban. En tales instantes, toda la fuerza y la singularidad de mi vida se concentraba en un reducido espacio y el velo parecía levantarse para mostrarme las conjuras de mi espíritu. La verdad la tenía allí mismo, en el silencio de la casa vacía. ¿Cuándo llegarían mis padres?.Desgarradamente, deseé que no volvieran en todo el dia.
Entré en mi habitación y me quedé sentado en la cama, mirando al techo y embriagándome con el baile de las motas de polvo que brillaban con los rayos solares. Frente a mi, la guitarra española apoyada en el armario. Podía tocar algunas notas. Pereza del alma. Hojas, papeles, viejas y eternas canciones allí escritas, para tararearlas y levantar el ánimo. En otro rincón, los viejos roqueros me espiaban desde las cintas magnéticas. Los primeros sueños de la adolescencia allí concentrados a mi alrededor. Todo era sueño y frustración, felicidad y dolor que se confundían entre las sensaciones provocadas por el arte. En el centro de mi habitación, mi mente, con desespero, intentaba reconciliarlo todo. Buscaba el camino para huir, ser en el esplendor del aislamiento. Buscaba, ahora lo sé, mi primera gran metamorfosis.
Pasaban las horas y nadie llegaba a casa. El reloj indicaba las seis y media.De repente, mi soledad empezó a desbordarme. Cogí papel y bolígrafo. Escribí algo. Estaba temblando por dentro. El trazado del bolígrafo desgarró el papel. Lo escrito, supongo, era algo indescifrable. Eran demasiadas las cosas que necesitaban emerger al mundo. Necesitaba expresarme y decirles a todos que mi deber era irme muy lejos. Me acordé del grandullón. Él lo merecía más que nadie. Pero el pavor se apoderó de mi y arrojé al suelo el papel y el bolígrafo. Ya no veía motas de polvo, eran fogatas que me abrasaban. Pronto me di cuenta que tenia los ojos en lágrimas. Parecía que el dolor y el resentimiento acumulados brotaban como un sarpullido desintoxicador. Todas las llamaradas de fuego que flotaban en la habitación se colocaron a la altura de mi estómago, penetrando en él. El dolor hizo que el cuerpo se colocara en posición fetal. Me quedé allí, llorando y soportando un fuego que abrasaba mis entrañas. Todo el rechazo vivido desde el primero de mis días cobrababa forma. Allí dentro de mi estómago, algo empezó a gestarse. Y pronto empecé a dar alaridos. Una voz clamaba derrumbando,en apocalíptico despertar, el silencio de las habitaciones: “No tengo padres, no tengo padres, soy huérfano, estoy solo, no tengo amigos, estoy solo, soy huérfano, soy huérfano”. Supe que estaba solo y que nunca tuve nada. No era hijo de nadie. Todo era neblina. Soportando a mi ardiente interior, me levanté de la cama y avancé hasta el pasillo.Y luego a la cocina. Cogí un vaso de agua y lo destrocé lanzándolo contra la pared. Luego fui al baño. Me miré en el espejo. Los ojos. No tenía ojos, solo dos formas ovales empañadas, casi borradas por las lágrimas. Y el alma continuaba ardiendo en mi estómago. No podía seguir en el interior de aquel piso. Todo podía estallar en cualquier momento. Cogí las llaves y salí a la calle.
Cuando bajé a la acera, me quedé pensando. Sólo existía una mano amiga, solo podía dirigirme hacia un sitio. Allí estaba la mar, esperándome. Caminé hacia la arena buscando el único límite: la orilla. Yo avanzaba siguiendo su senda mientras las olas morían junto a mi. Cuanto más avanzaba a lo largo de aquella orilla y más olas desaparecían entre las espumas y el olor del salitre, menos lágrimas brotaban de mis ojos. Al llegar al final de la playa, donde ya no habían más edificios que me ocultaran la visión del horizonte, me vi envuelto de un paraíso de dunas, cielo crepuscular y olor a mar. Me quedé quieto, intentando ver toda su magia y su belleza. El dolor de mis entrañas y las lágrimas remitían apresuradamente. Silencio absoluto. Ningún alma se veia a aquellas horas en tan bello paraje. Tantas veces había estado allí y no me había dado cuenta. Aquello era mi verdadero hogar. De repente, de forma brusca, volví mi cabeza en dirección al mar. Había oído una llamada de algo o alguien, venía de aquella dirección. Yo miraba y buscaba. Solo se veía el gran mar y las olas acercándose, rompiendo y muriendo a mis pies. Vi un ave marina surcando los vientos y planeando sobre las aguas. ¿Era ella?. Entonces comprendí el origen de la llamada. Era la mar. Me saludaba alzando sus olas y secando mis lágrimas con cada racha de brisa marina. El dolor en mis entrañas había desaparecido definitivamente. Pero algo se removía en mi interior. Algo se había gestado y quería nacer. Sentí que mi cuerpo se hacía pedazos mientras ese algo brotaba desde mi estómago. Las olas eran cada vez más altas y me llamaban con mayor furia. Y todo volvió a comenzar. La oscuridad del resentimiento se hizo luz y fragancia. De mi estómago brotaron alas, ¡alas!, eso era lo que había estado gestándose y emergiendo dentro de mi. Vi brotar mis alas. Se expandían a mi alrededor moviéndose para demostrar su poder y su euforia. Yo podía volar,¡dios!, ¡al fin podía volar!. Ahora, todo había sido un mal sueño. Mi vida empezaba de nuevo.
Mientras movía con alegría mis alas para dar el primer vuelo, un huracán se desató en aquel paraíso de dunas enmarcado en la rojiza y tenue luz del crepúsculo. Muy pocos lo sabían, pero una nueva forma de vida estaba a punto de nacer. Me elevé hacia las alturas y estiré mis alas con un bramido de felicidad. Desde los altavoces del cielo y de la tierra sonaba una música épica, grandilocuente y estremecedora. Solo la mano de dios pudo crear esas melodías. A continuación, seguí la llamada de la mar y sus olas y volé hacia ellas, mientras me abrían su seno esperando al nuevo hijo. Avancé lentamente hacia las olas hasta rozar sus aguas, zambulléndome en aquella inmensidad que me aguardaba. Dejé de ser un hombre con alas. Me hice todo de mar.Y,en un marco temporal que solo puede ser entendido desde el infinito, resurgí de sus olas, dejándome libre como una madre que envía a su hijo a cumplir con su destino. Volví a casa paseando tranquilamente y disfrutando de mi nueva paz. Mi madre preparaba la cena y mi padre esperaba para ver el partido de fútbol. La vida seguía igual. La cena fue estupenda. Me acosté muy pronto, a eso de las diez, con todas las heridas curadas. Nunca sentí un amor y compasión tan grandes hacia mis padres como aquella noche en la oscuridad de mi habitación. Dormí profundamente. Las olas del mar, allá en mis sueños, me dieron las primeras lecciones para iniciar la gran guerra y la gran búsqueda.
Al dia siguiente a las tres de la tarde, esperé al grandullón a la salida del hall. Tuvimos una sosegada conversación. Me dijo que el dia había sido distinto. Yo le repliqué que toda la vida es distinta. Puse mi mano en su hombro derecho y le dije con aprecio infinito:
- Tenemos un largo camino por recorrer. Ahora se porque tantos jóvenes envejecen y porque tantos viejos parecen jóvenes-.
-¿Estas de coña?-.
- No, solo era un comentario muy serio-.
Nos despedimos, otra vez, cada uno hacia su casa. Lo vi alejarse y me alegré pensando en la gran aventura que nos aguardaba. Y también a todos aquellos que aprendieron a tener alas y un mar que contemplar.
José A. Peig
22 de octubre de 2005
Internet: sinónimo de placer
El otro día fui a casa de un amigo, me abrió su mujer y, al preguntarle por su marido, me dijo algo exaltada: «Pues mira, está allí dentro con la novia». Ella se refería a que su esposo estaba cara al monitor conectado a Internet, pero para mi amiga era como si estuviera con la otra ya que pasaba más tiempo encadenado a la red que con ella.
Este es uno de los cambios que Internet está creando en este principio de siglo; por una parte favorece las relaciones personales ya que permite que personas, a miles de Km. de distancia, se relacionen, aunque sea por medio de un monitor; además es una forma de conocer gente y entablar nuevas amistades. La otra cara de la moneda, es cuando en una pareja alguno de los dos dedica demasiado tiempo a sentarse frente al ordenador ya que le suele proporcionar más placer que compartir el tiempo de ocio con su pareja.
Hace unos años cuando una buena parte del tiempo libre, sobre todo en invierno, lo dedicábamos a ver la tele había una gran diferencia con Internet ya que se podían sentar varias personas frente al televisor y, aunque se discutía por apoderarse del valioso mando, al menos servía para que una familia se reuniera en un mismo lugar.
Pero a partir de que Internet entra en un hogar, el individualismo crece de una forma desmesurada; la mayoría se olvida rápidamente de la tele basura y se enganchan a una red en la que encuentran más satisfacción que en cualquier otro lugar de la casa.
Quienes sucumben a las relaciones virtuales en el ciberespacio, en charlas en vivo o sitios de encuentros y de contactos donde resulta muy fácil empezar una relación virtual, aunque muchas veces mintiendo sobre su edad, trabajo, peso y estado civil mantienen la ilusión afrodisíaca de ser todopoderosos, aunque las estadísticas dicen que los cibernautas que quedan para una cita real, normalmente, duran poco ya que el encuentro cara a cara suele ser bastante decepcionante.
Yo no quiero entrar en una valoración pura y dura, pero lo que veo bastante claro es que Internet va a proporcionarnos más cambios de los que nosotros nos hemos imaginado.
Natxo Monzó
22 de mayo de 2005
por José Antonio Marina
Como educador, yo en cambio tengo que ser beligerante. No es una pretensión tan rara. La fisiología estudia la salud y la enfermedad, pero la medicina tiene como meta clara la salud. Dentro de las posibilidades humanas está la autodestrucción, la crueldad, la degradación, caminos sin salida que sólo me interesa estudiar para evitarlos. No quiero averiguar las mil y una maneras de ser desgraciado, sino el modo de desarrollar los recursos necesarios para ser felices. Lo que llamamos educar es, precisamente, cultivar los recursos.
El niño es, ante todo, un organismo que crece, interactúa con el entorno, produce ocurrencias mentales, y realiza actividades. Este proceso se da en todos los niños de una manera análoga. El bebé mama, sonríe, llora, duerme, comienza a gatear, teme a los extraños, vocaliza, intenta andar, quiere independizarse, es curioso, le gusta jugar. Estos acontecimientos siempre suceden, más o menos, a la misma edad en todos los niños. Nacen con unas capacidades y van desarrollando otras. Tienen admirables sistemas para captar información, evaluarla, y producir respuestas. Por usar un lenguaje actual, podemos decir que nacen "programados" para muchas cosas.
Fijémonos en las respuestas que da a lo que le sucede. Algunas son motoras: el niño se mueve, busca el pecho, succiona. Otras son expresivas: sonríe si está a gusto o llora si experimenta algún malestar. Otras son mentales: se siente bien o mal, es consciente de muchas cosas, y se le ocurren otras: deseos, imágenes, actividades. Alrededor de los doce meses, por ejemplo, comienza a hablar. Venía preparado para hacerlo y, con la ayuda de su entorno, lo consigue.
Este dinamismo básico, incluye una memoria que asimila la experiencia. Decimos con frecuencia y con razón: Parecen esponjas. Simplificando mucho, podríamos decir que somos "biología y memoria", que es una manera muy elemental de decir que somos "naturaleza y cultura". Los niños nacen con una serie definida de características personales, que se van desarrollando, amortiguando, esculpiendo, cargando con los contenidos de la experiencia. Asimilan sin parar alimentos e información.
Educar es ayudar a que el niño desarrolle sus capacidades, construya adecuadamente su memoria, produzca buenas ocurrencias, y se comporte adecuadamente. Voy a comentar cada una de estas dimensiones.
:: Capacidades: percibir, recordar, relacionar, anticipar, comprender, hablar, razonar, adquirir habilidades motoras, desarrollar buenos estilos afectivos.
:: Construir adecuadamente su memoria significa asimilar los conocimientos, valores y destrezas convenientes.
Está claro que esto no depende sólo del niño, sino del entorno que le rodea, que se convierte así en educador de su memoria. Todo lo que aprendemos -la tabla de multiplicar, jugar al tenis o confiar en las personas- lo hacemos gracias a la memoria, que nos permite aprovechar las grandes creaciones de la historia: el lenguaje, la ciencia, la experiencia.
:: Ocurrencias son todas aquellas ideas, deseos, sentimientos, proyectos, palabras, recuerdos, imágenes, que aparecen en nuestra consciencia. A veces podemos suscitarlas, pero otras se nos imponen. Nos sentimos deprimidos, cansados, enamorados. Se nos ocurren muchas cosas o, por el contrario, nos quedamos bloqueados. A veces no podemos quitarnos una cosa de la cabeza, las preocupaciones vuelven aunque no queramos. Unas personas son alegres y otras tristes, unas optimistas y otras pesimistas. Al hablar de "buenas ocurrencias" me refiero a ocurrencias inteligentes, adaptativas, felices, animosas, brillantes, adecuadas a la situación. Esto no quiere decir que debamos vivir en un limbo sonriente.
La tristeza, la indignación, la culpa, la vergüenza pueden ser sentimientos convenientes, si nos permiten adaptarnos correctamente a la situación. Comienzan a ser perturbadores si son desmesurados o irracionales.
:: Comportamiento. Las ocurrencias nos incitan a veces a la acción, pero pronto aprendemos que no podemos seguirlas todas. Algunas son perjudiciales para otras personas o nos dañan a nosotros mismos. La acción es la expresión más completa de la inteligencia. Podemos pensar muy bien y actuar muy mal, y una persona considerada muy inteligente puede comportarse de forma estúpida, con lo que su inteligencia queda forzosamente en tela de juicio. Un gran matemático puede ser, al mismo tiempo, una persona poco inteligente en su forma de vivir.
JOSÉ ANTONIO MARINA
Filósofo, ensayista y pedagogo
Educación para aprender a vivir
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© José Antonio Marina
www.egipuzkoa.net 03
18 de febrero de 2005
8 de febrero de 2005
Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.
Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y dio la voz de alarma en el pueblo. Los hombres que lo cargaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como un caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo a la deriva y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa, pero pensaron que tal vez la facultad de seguir creciendo después de la muerte estaba en la naturaleza de ciertos ahogados. Tenía el olor del mar, y sólo la forma permitía suponer que era el cadáver de un ser humano, porque su piel estaba revestida de una coraza de rémora y de lodo.
No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno. El pueblo tenía apenas unas veinte casas de tablas, con patios de piedras sin flores, desperdigadas en el extremo de un cabo desértico. La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor de que el viento se llevara a los niños, y a los muertos que les iban causando los años tenían que tirarlos en los acantilados. Pero el mar era manso y pródigo, y todos los hombres cabían en siete botes. Así que cuando se encontraron el ahogado les bastó con mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que estaban completos.
Aquella noche no salieron a trabajar en el mar. Mientras los hombres averiguaban si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres se quedaron cuidando al ahogado. Le quitaron el lodo con tapones de esparto, le desenredaron del cabello los abrojos submarinos y le rasparon la rémora con fierros de desescamar pescados. A medida que lo hacían, notaron que su vegetación era de océanos remotos y de aguas profundas, y que sus ropas estaban en piitrafas, como si hubiera navegado por entre laberintos de corales. Notaron también que sobrellevaba la muerte con altivez, pues no tenía el semblante solitario de los otros ahogados del mar, ni tampoco la catadura sórdida y menesteroso de los ahogados fluviales. Pero solamente cuando acabaron de limpiarlo tuvieron conciencia de la clase de hombre que era, y entonces se quedaron sin aliento. No sólo era el más alto, el más fuerte, el más viril y el mejor armado que habían visto jamás, sino que todavía cuando lo estaban viendo no les cabía en la imaginación.
No encontraron en el pueblo una cama bastante grande para tenderio ni una mesa bastante sólida para velarlo. No le vinieron los pantalones de fiesta de los hombres más altos, ni las camisas dominicales de los más corpulentos, ni los zapatos del mejor plantado. Fascinadas por su desproporción y su hermosura, las mujeres decidieron entonces hacerle unos pantalones con un pedazo de vela cangreja, y una camisa de bramante de novia, para que pudiera continuar su muerte con dignidad. Mientras cosían sentadas en círculo, contemplando el cadáver entre puntada y puntada, les parecía que el viento no había sido nunca tan tenaz ni el Caribe había estado nunca tan ansioso como aquella noche, y suponían que esos cambios tenían algo que ver con el muerto. Pensaban que si aquel hombre magnífico hubiera vivido en el pueblo, su casa habría tenido las puertas más anchas, el techo más alto y el piso más firme, y el bastidor de su cama habría sido de cuadernas maestras con pernos de hierro, y su mujer habría sido la más feliz. Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados. Lo compararon en secreto con sus propios hombres, pensando que no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél era capaz de hacer en una noche, y terminaron por repudiarlos en el fondo de sus corazones como los seres más escuálidos y mezquinos de la tierra. Andaban extraviadas por esos dédalos de fantasía, cuando la más vieja de las mujeres, que por ser la más vieja había contemplado al ahogado con menos pasión que compasión, suspiró:
—Tiene cara de llamarse Esteban.
Era verdad. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más porfiadas, que eran las más jovenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, tendido entre flores y con unos zapatos de charol, pudiera llamarse Lautaro. Pero fue una ilusión vana. El lienzo resultó escaso, los pantalones mal cortados y peor cosidos le quedaron estrechos, y las fuerzas ocultas de su corazón hacían saltar los botones de la camisa. Después de la media noche se adelgazaron los silbidos del viento y el mar cayó en el sopor del miércoles. El silencio acabó con las últimas dudas: era Esteban. Las mujeres que lo habían vestido, las que lo habían peinado, las que le habían cortado las uñas y raspado la barba no pudieron reprimir un estremecimiento de compasión cuando tuvieron que resignarse a dejarlo tirado por los suelos. Fue entonces cuando comprendieron cuánto debió haber sido de infeliz con aquel cuerpo descomunal, si hasta después de muerto le estorbaba. Lo vieron condenado en vida a pasar de medio lado por las puertas, a descalabrarse con los travesaños, a permanecer de pie en las visitas sin saber qué hacer con sus tiernas y rosadas manos de buey de mar, mientras la dueña de casa buscaba la silla más resistente y le suplicaba muerta de miedo siéntese aquí Esteban, hágame el favor, y él recostado contra las paredes, sonriendo, no se preocupe señora, así estoy bien, con los talones en carne viva y las espaldas escaldadas de tanto repetir lo mismo en todas las visitas, no se preocupe señora, así estoy bien, sólo para no pasar vergüenza de desbaratar la silla, y acaso sin haber sabido nunca que quienes le decían no te vayas Esteban, espérate siquiera hasta que hierva el café, eran los mismos que después susurraban ya se fue el bobo grande, qué bueno, ya se fue el tonto hermoso. Esto pensaban las mujeres frente al cadáver un poco antes del amanecer. Más tarde, cuando le taparon la cara con un pañuelo para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto para siempre, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que se les abrieron las primeras grietas de lágrimas en el corazón. Fue una de las más jóvenes la que empezó a sollozar. Las otras, asentándose entre sí, pasaron de los suspiros a los lamentos, y mientras más sollozaban más deseos sentían de llorar, porque el ahogado se les iba volviendo cada vez más Esteban, hasta que lo lloraron tanto que fue el hombre más desvalido de la tierra, el más manso y el más servicial, el pobre Esteban. Así que cuando los hombres volvieron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas sintieron un vacío de júbilo entre las lágrimas.
—¡Bendito sea Dios —suspiraron—: es nuestro!
Los hombres creyeron que aquellos aspavientos no eran más que frivolidades de mujer. Cansados de las tortuosas averiguaciones de la noche, lo único que querían era quitarse de una vez el estorbo del intruso antes de que prendiera el sol bravo de aquel día árido y sin viento. Improvisaron unas angarillas con restos de trinquetes y botavaras, y las amarraron con carlingas de altura, para que resistieran el peso del cuerpo hasta los acantilados. Quisieron encadenarle a los tobillos un ancla de buque mercante para que fondeara sin tropiezos en los mares más profundos donde los peces son ciegos y los buzos se mueren de nostalgia, de manera que las malas corrientes no fueran a devolverlo a la orilla, como había sucedido con otros cuerpos. Pero mientras más se apresuraban, más cosas se les ocurrían a las mujeres para perder el tiempo. Andaban como gallinas asustadas picoteando amuletos de mar en los arcones, unas estorbando aquí porque querían ponerle al ahogado los escapularios del buen viento, otras estorbando allá para abrocharse una pulsera de orientación, y al cabo de tanto quítate de ahí mujer, ponte donde no estorbes, mira que casi me haces caer sobre el difunto, a los hombres se les subieron al hígado las suspicacias y empezaron a rezongar que con qué objeto tanta ferretería de altar mayor para un forastero, si por muchos estoperoles y calderetas que llevara encima se lo iban a masticar los tiburones, pero ellas seguían tripotando sus reliquias de pacotilla, llevando y trayendo, tropezando, mientras se les iba en suspiros lo que no se les iba en lágrimas, así que los hombres terminaron por despotricar que de cuándo acá semejante alboroto por un muerto al garete, un ahogado de nadie, un fiambre de mierda. Una de las mujeres, mortificada por tanta insolencia, le quitó entonces al cadáver el pañuelo de la cara, y también los hombres se quedaron sin aliento.
Era Esteban. No hubo que repetirlo para que lo reconocieran. Si les hubieran dicho Sir Walter Raleigh, quizás, hasta ellos se habrían impresionado con su acento de gringo, con su guacamayo en el hombro, con su arcabuz de matar caníbales, pero Esteban solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba tirado como un sábalo, sin botines, con unos pantalones de sietemesino y esas uñas rocallosas que sólo podían cortarse a cuchillo. Bastó con que le quitaran el pañuelo de la cara para darse cuenta de que estaba avergonzado, de que no tenía la culpa de ser tan grande, ni tan pesado ni tan hermoso, y si hubiera sabido que aquello iba a suceder habría buscado un lugar más discreto para ahogarse, en serio, me hubiera amarrado yo mismo un áncora de galón en el cuello y hubiera trastabillado como quien no quiere la cosa en los acantilados, para no andar ahora estorbando con este muerto de miércoles, como ustedes dicen, para no molestar a nadie con esta porquería de fiambre que no tiene nada que ver conmigo. Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más suspicaces, los que sentían amargas las minuciosas noches del mar temiendo que sus mujeres se cansaran de soñar con ellos para soñar con los ahogados, hasta ésos, y otros más duros, se estremecieron en los tuétanos con la sinceridad de Esteban.
Fue así como le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado expósito. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y éstas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía caminar. A última hora les dolió devolverlo huérfano a las aguas, y le eligieron un padre y una madre entre los mejores, y otros se le hicieron hermanos, tíos y primos, así que a través de él todos los habitantes del pueblo terminaron por ser parientes entre sí. Algunos marineros que oyeron el llanto a distancia perdieron la certeza del rumbo, y se supo de uno que se hizo amarrar al palo mayor, recordando antiguas fábulas de sirenas. Mientras se disputaban el privilegio de llevarlo en hombros por la pendiente escarpada de los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, la aridez de sus patios, la estrechez de sus sueños, frente al esplendor y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo. No tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que los amaneceres de los años venturos los pasajeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en altamar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas: miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban.
Gabriel García Márquez
(1968)
14 de enero de 2005
En un tren se encuentran sentados, uno frente a otro, un afamado biólogo, premiado internacionalmente, y un casi analfabeto campesino del lugar. El primero, con un impecable y formal traje gris oscuro; el otro, con unos gastados pero limpios calzones de campo. Rodeado de libros, el científico. Con un pequeño hatillo de ropa, el lugareño.
¿Va a leer todos esos libros en este viaje? - pregunta el campesino.
No, pero jamás viajo sin ellos – contesta el biólogo.
¿Y cuándo los va a leer?
Ya los he leído... Y más de una vez.
¿Y no se acuerda?
Me acuerdo de éstos y de muchos más...
Qué barbaridad... ¿Y de qué tratan los libros?
De animales...
Qué suerte deben tener sus vecinos, tener un veterinario cerca...
NO soy veterinario, soy biólogo.
¡Ahhhh...! ¿Y para qué sirve todo lo que sabe si no cura a los animales?
Para saber más y más... Para saber más que nadie.
¿Y eso para qué le sirve?
Mira... Déjame que te lo muestre y, de paso, quizá, haga un poco más productivo este viaje. Supongamos que tú y yo hacemos una apuesta. Supongamos que por cada pregunta que yo te haga sobre animales y tú no sepas contestar, me dieras, digamos, un euro. Y supongamos que por cada pregunta que tú me hagas y sea yo el que no sabe contestar, te diera cien euros... A pesar de lo desigual de la retribución económmica, mi saber inclinaría la balanza a mi favor y al final del viaje yo habría ganado un poco de dinero.
El campesino piensa y piensa... Hace cuentas mentalmente ayudándose con los dedos.
Finalmente, dice:
¿Está seguro?
Convencido – contesta el biólogo.
El hombre de los calzones mete la mano en su bolsillo y busca una moneda de un euro (el campesino nunca apuesta si no tiene con qué pagar).
¿Yo primero? - dice el campesino.
Adelante – contesta, confiado, el biólogo.
¿Sobre animales?
Sobre animales...
A ver... ¿Cuál es el animal que tiene plumas, no pone huevos, al nacer tiene dos cabezas, se alimenta exclusivamente de hojas verdes y muere cuando le cortan la cola?
¿Cómo? - pregunta el científico.
Digo que cuál es el nombre del bicho que tiene plumas, no pone huevos, nace con dos cabezas, come hojas verdes y muere si le cortan la cola.
El científico se sorprende y hace un gesto de reflexión. En silencio, enseguida se pone a buscar en su memoria la respuesta correcta. Pasan los minutos. Entoncces se atreve a preguntar:
¿Puedo usar mis libros?
¡Claro! - contesta el campesino.
El hombre de ciencia empieza a abrir varios volúmenes sobre el asiennto, busca en los índices, mira las ilustraciones saca un papel y toma algunos apuntes. Luego bajo del porta equipajes una maleta enorme y saca de ella tres gruesos y pesados libros que también consulta.
Pasan un par de horas y el biólogo sigue revisando páginas y mirando y musitando mientras apunta extraños gráficos en su libreta.
El altavoz anuncia finalmente que el tren está entrando en la estación de destino. El biólogo acelera su búsquea, transpirando y respirando un poco agitado; pero no tiene éxito. Cuando el tren aminora la marcha, el científico mete la mano en el bolsillo y saca un flamante billete de cien euros y se lo entrega al campesino diciéndole:
Uste ha ganado... Sírvase.
El campesiono se pone de pie y, agarrando el billete, lo mira contento y lo guarda en su bolsillo.
Muchas gracias – le dice. Y tomando su hatillo, se dispone a partir.
-Espere, espere – lo detiene el biólogo - , ¿Cuál es ese animal?
Ahh... Yo tampoco lo sé... -dice el campesion. Y, metiendo la mano en el bolsillo, saca la moneda de un euro y se la da al científico diciendo:
Aquí tiene un euro. Ha sido un placer conocerlo señor...
SHINRITI
Jorge Bucay
11 de enero de 2005
VIVIR
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no pregunta de un asunto que desconoce o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará
que conquistemos una espléndida felicidad.
Pablo Neruda
¿Se puede detectar si alguien está metido en una Secta?
- Diez preguntas a María Rosa Voladera -
Presidenta de la Asociación de Información sobre Sectas en Barcelona (AIS)
Cambia su humor, se encierran en sí mismos, empiezan a tener mal genio y anulan la posibilidad de diálogo con los demás. Cambian sus hábitos y amistades, su modo de vestir y sus allegados notan que hacen cosas que antes no harían.
2.¿Cómo deben actuar la familia y los amigos para intentar ayudarle a salir?
Primero deben tranquilizarse. Es fundamental que no rompan los lazos afectivos y deben intentar razonar y dialogar con el adepto, hacer que se sienta querido, apoyado y no culparle de lo que le pasa. Tampoco se le debe dar dinero para evitar que lo destine a la secta.
3.¿Cómo se debe tratar al afectado cuando sale?
Debe darse cuenta de que le estaban engañando y ha recuperado su libertad. Debe tener información sobre la secta para que descubra cómo funciona y el peligro que ha tenido, y hay que tratarle como si no hubiera ocurrido nada.
4.¿Que métodos utilizan para atraer seguidores?
Ayuda al Tercer Mundo, rehabilitación de toxicómanos, crecimiento personal... Cada una tiene su método. La pérdida de un familiar suele ser la exxcusa de los Testigos de Jehová. La Iglesia de la Cienciología (en España, Dianética) propone técnicas para dirigir mejor la empresa.
5.¿Cómo intentar evitar las sectas que los adeptos los abandonen?
Utilizan “técnicas de control mental”. Presionan los puntos débiles, los sentimientos, anulan la inteligencia. Se trata de formar robots al servicio del líder. Cuando alguien cae en sus redes queda bloqueado y es incapaz de salir porque piensa que fuera está el mal. Por eso es imprescindible una persona fuera que tire de él.
6.¿Qué tipo de persona son las que buscan este tipo de colectivos?
Casi siempre tratan de encontrar gente en crisis (la pérdida de un familiar, la ruptura de una relación). Son la presa más fácil. Antes buscaban jóvenes de 18 años, pero como ahora no tienen dinero buscan personas de entre 22 y 35 años.
7.¿Cómo suelen ser las personas que buscan adeptos?
Carismáticos, capaces de convencer porque hablan bien y saben vender su producto. A quien está mal le gusta oír ¡yo te ayudaré!
8.¿Por qué tienen tanta libertad de actuación?
Las autoridades deberían tomar el tema con más seriedad. Existen grupos totalitarios en España como en el resto de Europa. Hay leyes que podrían favorecer la aplicación de penas para los posibles delitos que cometan, pero no se aplican lo suficiente. El problema está en la diferencia entre libertad e imposición de creencias. Además, todas están inscritas legalmente como entidades religiosas o asociaciones.
9.¿Cómo se puede saber si un grupo forma una secta?
Cuando hay un líder carismático, cuando el fin justifica los medios, cuando su lema es poder y dinero, cuando creen tener la verdad absoluta y cuando quien entrar entrega su libertad. También es importante el dinero, ya que el líder, que suele ser paranoico, cada vez necesita más.
10.¿Cómo se pueden contrarrestar los efectos de las sectas?
Con la información, si lográsemos una buena información a nivel estatal, las sectas tendrían poco que hacer. También el control fiscal. A veces, los grupos totalitarios reciben dinero público sin dar cuenta a nadie y sin pagar impuestos. Eso habría que controlarlo más eficazmente.
* Asociación sobre sectas en Barcelona – AIS
ais@mx3.redestb.es
Raquel Peláez
21 de diciembre de 2004
por Alejandro Jodorowky
PRIMERA LECCIÓN
Sentarse desde que amanece hasta que anochece frente a un árbol sintiendo la luz. Volver siete días seguidos y hacer lo mismo.
SEGUNDA LECCIÓN
Volver en la noche con una linterna e iluminar el árbol desde infinitos puntos.
TERCERA LECCIÓN
Colocarse a un kilómetro del árbol. Mirarlo fijamente y avanzar centímetro por centímetro hacia él hasta que después de algunas horas se tope la corteza con la nariz.
(Las dos primeras lecciones sirven para desarrollar el sentido de la luz. La tercera para desarrollar el sentido de la distancia.)
CUARTA LECCIÓN
Colocarse en un interior o paisaje y moverse pensando que el propio pecho fotografía, luego que la cara fotografía, luego el sexo, luego las manos.
QUINTA LECCIÓN
Ponte en un lugar y siente que eres el centro de él. Luego siente que estás siempre en la superficie alrededor del lugar. Al final rompe la idea de centro y superficie. Estás ahí, todo está en ti y fuera de ti al mismo tiempo. Eres aparte del lugar. Existe el lugar. ¡Tú has desaparecido!
SEXTA LECCIÓN
Busca el color en lo que no tiene color. Toma una página blanca y ve sus colores. Toma una página negra y ve sus colores. Ve los colores de un vidrio transparente. Descubre el arco iris en un pedazo de tierra, en un escupo, en una hoja seca. Expresa el color con materiales sin color. En verdad te pregunto, ¿sabes cuántos colores tiene la piel de tu cara?
SÉPTIMA LECCIÓN
Siente las yemas de tus dedos como si fueran la punta de tu lengua. Apoya las yemas en los objetos del mundo pensando que son frágiles, que la menor presión los puede quebrar. Pídeles permiso antes de tocarlos. Antes de apoyar los dedos en su superficie, siente cómo penetras en su atmósfera. Aprende a sentir y a acariciar con respeto. Cualquier acción que hagas en el mundo con tus manos o tu cuerpo puede ser una caricia.
OCTAVA LECCIÓN
Piensa que los actores viven dentro de un cuerpo como centro de una caverna. Pídeles que no griten con su boca, sino dentro de su boca. Que no expresen con la cara, sino que sientan debajo de la cara. cuando me desespero, desde adentro, doy puñetazos dentro de mi pecho que está inmóvil frente a la cámara. No me expreso con movimientos, sino con vibraciones. Vivo debajo de la superficie. La superficie del río no se mueve, pero tú sabes que lleva corrientes profundas.
NOVENA LECCIÓN
No importan los movimientos de la cámara. Ella debe moverse sólo cuando no se puede quedar quieta. Tú llevas el alimento en la mano. La cámara es un perro. Hazla que con hambre siga al alimento. El hambre hace que el animal se borre. No hay perro, hay hambre, no hay cámara. Hay acontecimientos. Nunca te puedes comer la manzana entera en el mismo instante. Tienes que dar mordiscos. Mientras comes tienes una parte. Debes saber que el trozo que mascas no es la manzana entera. Nunca puedes tener la manzana entera en la boca porque por muy grande que sea tu boca, no puede caber en ella el fruto que es parte del árbol ni el árbol que es parte de la tierra. La pantalla es tu boca. Allí entran pedazos. Partes del accidente. No intentes trabajar con tomas absolutas. No creas que existe la toma mejor. A la manzana la puedes morder en cualquier sitio. Si la manzana es dulce, no importa por dónde empieces a comerla. Preocúpate de la manzana, no de tu boca. ¡Cineasta! Antología de fragmentos, tú también un fragmento; tu película inconclusa, eres parte, eres continuación. No hay cierres. Mata la palabra fin. Empezarás una película el día en que te des cuenta que simplemente continúas. No busques el prestigio. Desdeña los efectos. No adornes. No pienses lo que la imagen va a producir. No la busques. Recibe las imágenes. La caza está prohibida. La pesca permitida.
DÉCIMA LECCIÓN
Nunca trabajes en el papel tus movimientos de cámara. Llega a los sitios pensando que no vas a mover la cámara, que no vas a iluminar, que no vas a inventar. Llega vacío, sin la menor intención. Echa a andar el motor de la cámara y vive. No crees escenas, crea accidentes. Esos accidentes no los crees en dirección a la cámara. Tú no estás haciendo una película, estás metido en un accidente. Parte del accidente son tus movimientos de la cámara.
DÉCIMO PRIMERA LECCIÓN
Y de pronto el gran placer. Una toma pensada con la cámara opinando con luz artificial, con "Actuaciones" (¡un verdadero postre!).
En verdad te digo, por este camino puedes llegar a hacer películas de Hollywood de los años 40. si quieres ser un gran cineasta de vanguardia, vuelve a filmar "Lo que el viento se llevó", exactamente igual, con actores de cuerpos gemelos a los de Clarck Gable y Vivien Leigh. Si logras que tu películas no pueda distinguirse de la original, has pasado a la historia
9 de junio de 2004
por José Luis Mas
Estoy con los trabajadores de la Orilla del Crimen.
A todos les gusta la leche - o será que es muy barata -.
Estoy en la Unidad Provincial, aunque sea una dirección insuficiente.
El edificio tiene forma de suela de zapato; ¿no es un detalle gracioso?
Estoy con los trabajadores de la Orilla del Crimen.
El río se llama Construcción, como consta en los Informes de Vida laboral.
Son trabajadores manuales, esos que al discutir sacuden sus genitales.
Pero hay buenas instalaciones, con escaleras de mano para hacer flexiones.
Estoy con los análisis de sangre y no me quito la gorra.
Me ofrecen flores y comida para que certifique negativo.
como a la imagen reclinada en los ataúdes.
No pueden creerse que de mí no depende, que yo sólo extraigo.
Por las tardes me acerco al Construcción y pienso corriente abajo.
No hay cielo más puro y color violín que el de ojos adentro.
Me acerco al Río evitando la propaganda electoral que trae la fiebre de la infraestructura hasta Nuevo Sol.
Parece que los árboles sean obstáculos; como si el aire, de repente, resultase poco apetitoso al pulmón.
Desde el Construcción oigo una motosierra convocando a los futuros electores.
Me imagino el camión de papayas, los manotazos a los niños pesados como insectos.
El Construcción baja flaco y lleno de sombras nerviosas.
Los alevines juegan con mis pies en remojo evitando las grandes bocas de playa adentro.
Pies que parecen felices de escarbar en la arena, entre los relucientes granos de pirita.
¡Qué extraña es la Orilla del Crimen...! Hay un viejo que llora al desearle buenas tardes.
Hay un loco desnudo emboscado en el monte, y otro que pasea el cráneo de su madre como un colgante.
Y ratas: Multitud de ratas que mantienen alto el precio del gato.
Además, pasan la noche bebiendo leche, o algo que parece leche.
En la Unidad Provincial se habla del loco, de la minicentral y de la teuve en color que ha traído el ingeniero.
Me preguntan por qué no me gusta el fútbol casi con lástima; por qué no admiro esos correteos por el rectángulo de pasto.
Prefiero acercarme al Construcción y pensar corriente abajo.
No hay cielo más puro y color violín que el de ojos adentro.
Nuevo Sol es capital de la Orilla del Crimen y el único pueblo con urinarios públicos
En el mercado hay cigarrillos Hamilton, el tabaco preferido del ingeniero.
Voy poco al mercado porque me irrita ese lloriqueo musical del wayno.
Además, allí para el viejo de las Buenas Tardes a vender linternas y penicilinas.
¡Qué extraña es la Orilla del Crimen...! Hay un insecto que se lanza al pecho para mirarte a los ojos.
Hay arbustos de "no - me - toques" que se hacen los muertos al contacto humano.
Y rocas negras, tan seductoras como la carne en su primera juventud.
Además, hay un borracho deambulando su <¿qué va a ser?> toda la noche.
<¿Qué va a ser?> Estoy solo en la Orilla del Crimen.
Estoy solo como ese loco desnudo, aunque no echo de menos las fotografías.
Parece que el retratado mire desde un lugar encantado, un estanque donde se ha muerto el Tiempo.
Como si estuviésemos en guerra contra lo que es libre y discurre tranquilamente.
Conforme avanza la presa del Construcción para la minicentral, el mercado se llena de bombillas chinas.
El Construcción baja flaco y muchas piedras calientan su espalda al Sol.
Me llaman Doctor Gringo porque tengo la piel cruda y no coreo el himno en los Pre -mundiales.
Al principio me ofendía ese Doctor Gringo en boca de los niños.
Ahora les regalo plátano para que puedan pescar, aunque la pesca segura es con cría de rata.
En la Unidad Provincial hay fotografías de los Montes Andes, ricos en nevados.
Creo que subir hasta allí arriba es como volar con las piernas.
Dicen que hay una liana para volar más lejos; una liana de los Muertos, más allá de la Luna.
Dicen que no parece leche, sino que parece a
El Ingeniero tiene caballos y un caimán atado como un perro.
También tiene un avión de la II Guerra Mundial, aterrizado por un japonés fugitivo, pudriéndose en el pasto.
He soñado que lo arranco, a pesar de las avispas; he soñado vientos de colores.
No hay cielo más puro y color violín que el de ojos adentro.
Estoy con los trabajadores de la Orilla del Crimen.
Hay pocos indígenas, lo que noto por los apellidos y por la ausencia de ropa interior.
Uno me dijo, al ofrecerle agua embotellada, que no bebía el agua muerta.
Dice que el agua viva corre, que al encerrarla pierde su espíritu.
Los indígenas prefieren, sobre el trabajo, la pesca o la recolecta de gusanos en su época.
Me piden los Informes de Vida Laboral de los trabajadores difuntos para liar su tabaco.
El Ingeniero afirma que muchos tienen pies de simio, refiriéndose a los dedos muy abiertos.
<¿Qué va a ser?> Cuando hay tormenta el Construcción baja hambriento y muerde la tierra.
Al río le cambia la voz; ya no invita
Todo se esconde excepto la roca negra, que abre su pecho a la lluvia.
Todo es agua, desde la Tierra al Cielo, y uno se siente solo dentro de su piel.
Le preguntaron a un Zancudo: <¿Qué es el hombre?>
< - Grandes y Rojas Escalinatas para recibir Agujeros> - respondió.
Porque un zancudo ve translucir la sangre a través de la piel como una brasa que circulase en la oscuridad.
¡Qué extraña es la Orilla del Crimen...! Hay un pájaro nocturno que grita
Hay puntos exactos que atraen a cogollos enteros de mariposas.
Y una mujer que transita bajo una enorme sombrilla multicolor cuando llueve.
Porque no hay un solo paraguas en todo Nuevo Sol; plástico azul de metro y metro y medio.
Desde arriba, Nuevo Sol es un destello de calamina enrojeciendo el negativo de los ojos.
De más arriba es un puntito gris junto al nervio hinchado del Construcción.
He soñado que el mar se abría como una sábana al romper de cada ola.
Bajo la ropa de cama se revelaba una mujer hecha de leche de luna.
Si Orilla del Crimen es un pastel verde, como dice el Ingeniero, de más arriba su tajada pierde el filo de las cercas.
Vuelo rumbo a la Montaña de Oro, en la Otra Orilla.
No hay cielo más puro y color violín que el de ojos adentro.
Publicado en Escribano 2 (Abril 2000)
8 de junio de 2004
Se muere Einstein y va al cielo. San Pedro le dice:
- Te pareces a Einstein, pero no te haces una idea de lo que es capaz de hacer la gente para colarse en el cielo. ¿Puedes probar quién eres realmente?
Después de ser requerido para identificarse, Albert Einstein piensa por unos segundos y pregunta a San Pedro:
- ¿Me pueden dejar una pizarra y tiza?
San Pedro chasquea los dedos e instantáneamente aparecen pizarra y tiza.
Einstein entonces escribe en la pizarra el desarrollo de su teoría de la relatividad. San Pedro impresionado le dice:
- Tú eres realmente Einstein, bienvenido al cielo.
El siguiente en llegar es Picasso. De nuevo, San Pedro pide identificación y Picasso le dice:
- ¿Le importa que use la pizarra y tiza?
San Pedro acepta y le dice:
- Adelante.
Picasso borra las ecuaciones de Einstein y dibuja un sorprendente mural con un par de trazos de tiza. San Pedro aplaude diciendo:
- Con seguridad tú eres el grandioso artista que dices ser. Vamos entra.
Entonces, San Pedro levanta la mirada y ve a George W. Bush. San Pedro mueve la cabeza dudando y le dice:
- Einstein y Picasso se las arreglaron para demostrar quiénes eran, ¿cómo lo puedes probar tú?
George W. Bush se sorprendió y dijo:
- ¿Quiénes son Einstein y Picasso?
San Pedro dijo:
- Entra George.
13 de mayo de 2004
Una selección de páginas para sacarle rendimiento a Internet
1) http://www.mail2web.com
Un servicio muy útil para consultar tu correo personal si estás de viaje o lejos del ordenador doméstico. Con esta página no necesitas hacerte una cuenta en Hotmail o Yahoo. Puedes seguir usando tu dirección habitual y consultarla desde un navegador web en cualquier momento. El funcionamiento es muy sencillo: introduces el nombre de tu cuenta y después la contraseña, no es necesario registro. De esta manera consigues filtrar el correo antes de descargarlo en tu PC y eliminar el Spam que nos inunda. En algunos servidores, como Yacom, debes incluir la Smtp (pop.ya.com) pulsando primero en opciones avanzadas.
2) http://www.blogger.com
Mi último descubrimiento. Hacía mucho tiempo que buscaba algo así, una manera sencilla pero efectiva de publicar una página web personal. Por fin lo encontré! Si eres escritor o periodista en ciernes y necesitas contarle al mundo lo que piensas, aquí tienes tu oportunidad. En sólo 5 minutos tendrás tu página funcionando. Realmente imprescindible. En español puedes utilizar el servicio de Blogia, http://www.blogia.com
3) http://www.oposicionesybecas.com
Para estar informado sobre las últimas convocatorias. Puedes consultar a diario una relación actualizada de Oposiciones, Becas y Ayudas. Además incluye un Chat del opositor, para compartir inquietudes con otros colegas. Imprescindible si eres opositor o estás a punto de serlo.
4) http://www.laboris.net
Ofertas de empleo y orientación laboral. Una página excelente para colocar tu currículum en Internet. Tienen edición en papel, que se publica todos los martes. También te puede interesar: http://www.infoempleo.com o http://www.infojobs.net
5) http://www.consumer.es/web/es
Para ser un consumidor informado, si quieres llevar tu casa como un verdadero Rodríguez no puedes dejar de consultar esta web. Nutrición, bricolaje, economía doméstica. Incluye versión para discapacitados, sindicación por temas (RSS), revista, guías... Te recomiendo que te subscribas a su lista de correo para estar al tanto de las últimas novedades. Otra web alternativa es http://www.ocu.org aunque la información disponible está restringida para los no socios.
6) http://www.ajedrez21.com
Si eres un entusiasta del ajedrez, aquí tienes una página que no puede faltar en tus Favoritos. Pionera en ofrecer ajedrez on-line en español, sigue manteniendo un servicio gratuito para jugar al ajedrez de forma virtual. A cualquier hora del día, o de la noche puedes encontrar un rival con el que medir tus fuerzas. Además ofrecen retransmisiones en directo de los grandes torneos (Linares, Wijk Aan Zee, Tilburg) noticias, Foros... De lo mejorcito en páginas de ajedrez.
7) http://www.libertaddigital.com
Noticias y Opinión en la Red. Un ejemplo de periodismo sin papel, puedes acceder a todos los contenidos de forma gratuita. Diseño limpio, contenido bien desarrollado y fácil de leer. Son de derechas pero modernos ¿?
8) http://www.clubelsemanal.com
La versión digital del mejor suplemento dominical de la prensa española. Compro Las Provincias sólo para poder disfrutar de la revista. También se distribuye con otros diarios regionales. Pata negra.
9) http://www.letralia.com
Tierra de Letras, la revista de los escritores hispanoamericanos en Internet.
Una gran página para aficionados a la literatura y escritores en ciernes. Para aprender a escribir , iniciarse en la publicación digital y conocer las últimas noticias del mundo literario. Editada por Jorge Gómez Jiménez desde Venezuela. Después de un tiempo de silencio vuelve a estar on-line. Enhorabuena!
10) http://www.lanetro.com
Aquí puedes informarte de toda la oferta cultural y ocio de tu ciudad. Tienen un canal para llevar las últimas noticias en tu Palm.
11) http://www.espasof.net
Una alternativa a Softonic, para bajarte programas en castellano. Están clasificados por areas temáticas.
12) http://www.desarrolloweb.com
Un recurso imprescindible si quieres aprender a programar páginas web, para todos los niveles. Tutoriales, noticias, servicio de alojamiento para tu página,etc. De lo mejor en formación y puesta al día para diseñadores.
13) http://www.atalaya.blogalia.com
Y para terminar una bitácora de las más interesantes que leo. Como reza en su página... Atalaya: desde la tela de araña. Cultura en la red, reflexiones, relatos, tutoriales y paridas diversas. Diseño elegante, bien organizada y de lectura muy agradable. Incluye lista de correo, comentarios y una lista de enlaces selectos.
3 de mayo de 2004
Un día, Nasrudín fue visitado por su viejo amigo, Jalal.
El Mulá dijo: - Estoy encantado de verte después de tanto tiempo. Pero estoy a punto de efectuar una serie de visitas. Ven, acompáñame y podremos charlar.
- Préstame un manto decente -dijo Jalal-, porque, como puedes ver, no estoy vestido como para efectuar visita alguna.
Nasrudín le prestó un magnífico manto.
En la primera casa, el Mulá presentó a su amigo.
- ¡Este es mi viejo compañero Jalal, pero ese manto que lleva puesto es mío!
En camino al próximo pueblo, Jalal dijo:
- ¡Qué cosa tan estúpida fue que dijeras "El manto es mío"! No vuelvas a hacerlo.
Nasrudín lo prometió.
Cuando estaban sentados cómodamente en la siguiente casa, Nasrudín dijo:- Este es Jalal, un viejo amigo que vino a visitarme. En cuanto al manto, el manto es de él.
Al salir, Jalal estaba tan molesto como antes.
- ¿Por qué dijiste eso? ¿Estás loco?
- Solo quise arreglar las cosas, ahora estamos a mano.
- Si no te importa- dijo Jalal lenta y cuidadosamente-, no hablaremos más del manto.
Nasrudín así lo prometió.
En el tercer y último lugar que visitaron. Nasrudín dijo:- Permítanme presentarles a Jalal mi amigo. Y el manto,el manto que lleva puesto... Pero no debemos decir nada sobre el manto, ¿no es así?
IDRIES SHAH
Las Hazañas del Incomparable Mulá Nasrudín
22 de abril de 2004
Para conseguirlo, hacen falta cuatro cosas:
- vino
- sol
- madera de roble
- tiempo
Además, como en todo arte, hace falta gusto. El resto se presenta de la manera siguiente:
En otoño, después de la vendimia, se fermenta la uva. El alcohol obtenido se vierte en barriles. Los barriles tienen que ser de roble. El secreto del coñac se esconde en los nudos de la madera. Mientras crece, el roble acumula sol. El sol penetra y se posa en los nudos, como el ámbar se posa en el fondo del mar. Es un proceso que dura decenas de años. Un árbol joven no daría buen coñac. El roble crece; su tronco empieza a platear. El roble se robustece; su madera cobra fuerza, color y olor. No todo roble dará buen coñac. El mejor lo dan los árboles solitarios que crecen en lugares apartados y en suelo seco. Son los que han acumulado mucho sol. En un roble de estas características hay tanto sol cuanta miel hay en un panal. Los suelos húmedos son ácidos, por lo que el roble contiene demasiado amargor. Lo detectaremos al tomar el primer trago de coñac. El roble que en su juventud haya sido herido por la metralla tampoco dará buen coñac. En el tronco herido los jugos circulan con dificultad, y la madera ya no tiene el mismo sabor.
Después los cuberos hacen los barriles. El cubero tiene que saber su oficio. Si falla el corte, la madera no dará el aroma deseado. Si dará color, pero no soltará ni pizca de aroma. El roble es un árbol perezoso,y, sin embargo, haciendo coñac, tiene que trabajar. El cubero debe tener el pulso de un constructor de instrumentos de cuerda. Un buen barril puede durar cien años. Incluso hay que tienen doscientos y más. No todos saldrán bien. Hay barriles sin sabor, y otros que dan un coñac que es oro puro. Sólo pasados unos cuantos años se sabe cómo ha salido el barril.
En estos barriles se vierte el alcohol obtenido de la uva. quinientos, mil litros, depende. Se colocan sobre los soportes y allí se dejan. No hay que hacer nada más;sólo esperar. A todo le llegará su tiempo. el alcohol penetra en la madera, y entonces el roble devuelve todo lo que ha acumulado: el sol, el olor y el calor. El árbol exprime sus jugos: trabaja.
Por eso tiene que tener paz.
Como respira, necesita de suaves corrientes de aire. Le gusta el ambiente seco. La humedad estropearía el color; daría un color pesado, sin luz. El vino gusta de la humedad; el coña no la soporta. Es mucho más caprichoso. El primer coñac se obtiene al cabo de tres años. Tres años, tres estrellas. Los coñacs con estrellas son los más jóvenes, de baja calidad. Los mejores son los de marca, sin estrellas. Estos han madurado durante diez, veinte, hasta cien años. Aunque, a decir verdad, la edad del coñac es aún mayor. Hay que añadirle la del roble del barril. En la actualidad se trabaja con robles que despuntaron en los tiempos de la Revolución Francesa.
La edad del coñac se reconoce por el sabor. El joven es duro, rápido, como impulsivo. Tiene un sabor áspero, rasposo. En cambio, el viejo entra terso, suave. Sólo más tarde empieza a irradiar. El coñac viejo alberga mucho calor, mucho sol. Sube a la cabeza con lisura, suavemente, sin prisas.
De todos modos hará su trabajo.
El Imperio
-------------------- Ryszard Kapuscinski.
Anagrama, Barcelona. 1994
24 de marzo de 2004
La serenidad de ánimo, la responsabilidad informativa y la claridad analítica son armas esenciales en esa lucha contra el terror global
Manuel Castells - 13/03/2004
Todo apunta al hecho de que hemos sido el objetivo del primer gran atentado de las redes terroristas islámicas en Europa occidental. Si esto es así, parece claro que nuestra participación en la guerra de Iraq ha deteriorado nuestra seguridad, en lugar de mejorarla. Pero, por otro lado, también ha hecho evidente que éste no es un problema de Estados Unidos sino una amenaza común para todos. La gran trampa tendida por Bush y sus aliados fue la asimilación de Saddam y Al Qaeda, una de las muchas mentiras con que llevaron a sus países a la guerra. Pero ello no disminuye la importancia de la batalla compartida con el terrorismo islámico. España fue una de las bases de preparación de la masacre de Nueva York, junto con Alemania y otras áreas de Europa. La invasión de Afganistán, por mal que se hiciera, fue un acto de defensa propia de Estados Unidos, a diferencia de la guerra de Iraq, motivada por intereses económicos y geopolíticos, justificada con mentiras y manipulación y realizada al margen de la legalidad internacional. Hay intereses de uno y otro lado que intentan mezclarlo todo: Iraq, Afganistán, Al Qaeda, el islamismo radical y, de paso, el terrorismo de ETA y, si se puede, el nacionalismo. De ese juego de burdas asimilaciones salen tanto la protesta demagógica como la posibilidad de un estado de excepción local y global.
Por eso es particularmente grave la manipulación informativa de la opinión en temas de vida o muerte. No se puede afirmar tajantemente, desde las instituciones, la autoría de ETA, tratando de miserables a quienes lo ponían en duda, para luego reconocer a medias y provisionalmente lo que ya sabían los servicios de inteligencia y la policía. Y, según algunas interpretaciones serias pero no confirmadas, sólo tras las presiones recibidas desde las más altas esferas.
Es sumamente pernicioso el que no se informara de lo que fuentes fidedignas, pero no confirmadas oficialmente, aseveraban desde la noche del 11 al 12 de marzo: la identificación de primero uno y luego dos cadáveres de suicidas en el tren de la muerte, todavía atados a sus mochilas de explosivos. Y no es profesionalmente tolerable que periodistas de distintas tendencias aseguraran, sin evidencia, la autoría de ETA o que, ya durante el día 12, algunos hablaran del “terrorismo de ETA y sus complices”, en una nueva asimilación tan peligrosa como infundada. Y no porque el terrorismo de ETA sea menor: todo terrorismo es abyecto (pero todo, sin excepciones) y no hay diferencia esencial entre una muerte y doscientas muertes, excepto para doscientas familias. Sino, simplemente, porque la ceremonia de la confusión nos impide defendernos adecuadamente contra las diversas fuentes de amenazas que se ciernen sobre nuestra, hasta ahora, relativamente tranquila sociedad. Hacer política con estas cuestiones, como se ha hecho en Estados Unidos y en otros países, es corroer la coexistencia social y deslegitimar la democracia.
La responsabilidad informativa, la claridad analítica, la serenidad de ánimo y la determinación en la defensa de nuestras vidas y nuestra forma de vida son armas esenciales en esa lucha contra el terror global en la que, sin quererlo y sin debatirlo, nos encontramos ahora.
Tomado del periódico EL PAIS - 13 marzo 2004
de José Andrés Peig
Querido y viejo amigo que estás siempre en mis sueños:
Te escribo al fin desde el otro lado del umbral que separa el mundo de los sueños del de la vigilia cotidiana. Tanto tiempo sin saber de mi imagino te habrá hecho creer que en mi mundo no hay lugar para el recuerdo. Pero he de aclararte que desde dónde ahora me encuentro no solo te veo y te siento con mayor fuerza sino que he descubierto que los recuerdos están hechos de una sustancia hermana de la que ampara y da forma a los más dulces sueños de la vida. Y por eso ahora el tiempo que llevo flotando en este mundo onírico sé que como amigo y como persona eres mucho más real y mucho más imaginario al mismo tiempo. La verdad es que no debería hablar del tiempo tal y como lo percibes en tu mundo real (que no es el mío).
Sobre todo me gustaría encontrar las palabras para poder describirte lo que soy y estoy viviendo en este aquí (en realidad si digo aquí tampoco tiene mucho sentido) y en esta forma de respirar que ahora disfruto. Has de saber que el lenguaje humano no es muy útil para definir el mundo del sueño y todo lo que pueda transmitirte será sólo una débil sombra de mi “aquí” y “ahora”. Me conoces desde muy joven. Sabes de mi actitud en el colegio, en la calle o en el Instituto. Siempre fui tu amigo introvertido y rebelde que, aunque respetando los derechos de los demás, era poco aficionado a cumplir normas o a jugar al juego de seguir la corriente. Ello hacía de mi un niño poco corriente (valga la redundancia) y como consecuencia tuve que quedarme castigado sólo en el aula mientras el resto de niños jugaban en el patio o encerrado en mi habitación viendo caer gotas de alegría que salían de mi imaginación. Mi pobre padre siempre me decía que tuviera los pies en el suelo y, como hijo poco obediente que he sido jamás le hice ningún caso. Tú lo sabes bien. Debido a esto mucha gente me ha reprochado mi vagancia y mi supuesta irresponsabilidad. Lo cierto es que nunca han entendido nada a cerca de mí y me ha tocado sufrir lo mío. NO saben que mi mente, de un modo u otro, no siempre ha estado conectada a la realidad; a esa realidad en la que estás tu ahora. Y me hablaban de exámenes, normas, banalidades y otras tonterías de esas que dice la gente y se queda tan ancha. Mientras, yo empezaba a volar y desde las alturas de mi pensamiento parecían ridículas hormiguitas estúpidas e insignificantes. Ya en aquella época de mi vida tenía fe en mi mundo interior y en sus posibilidades. Percibía que, de algún modo, el mundo interior de los sueños es más auténtico que las cosas que se ven a simple vista. Tras muchos años de duras pruebas y esfuerzos me encuentro en donde siempre he querido vivir. Y ¿cómo lo he conseguido? Pues soñando. Y soñar es mucho más que cerrar los ojos y adormecer la mente. Es algo extraño pero vale la pena. Pero explicarte esto no es el objetivo de mi carta. Solo te diré que para llegar hasta aquí (repito que esto que digo no tiene sentido) he ido volando a través de un y mil universos cada cual más distinto e increíble. Vi luces, sombras, colores y sonidos esparcidos en todas direcciones y en ninguna amarrándose a una especie de melodía sin fin que acariciaba mi alma y me ayudaba a avanzar en semejante odisea. ¿En qué manera sucede esto? Te estarás preguntando. Es alucinante, sí, pero te aseguro que lo he vivido y que las palabras limitan mucho. En realidad fue algo parecido a un viaje al país de Nunca Jamás o al mundo de Oz. Y ¿sabes una cosa?. Estos lugares de fantasía no fueron únicamente el fruto de la imaginación de los autores de estas dos obras literarias. Ellos (aunque no conste en sus biografías, cosa lógica) viajaron igual que yo. Luego escribieron inspirándose en lo que vieron y sintieron en ese mundo de mundos. Sólo que lo adaptaron al mundo real puesto que no podía ser de otra manera. Si algún día logras llegar hasta mi mundo entenderás lo que quiero decir. Como también entenderás que muchas de las más fantásticas y conocidas historias que nos ha ofrecido la literatura o el cine son pequeños fragmentos desgajados de este mundo del sueño, que es el que nos espera tras la muerte.
Una vez más me he desviado de mis intenciones y motivaciones de esta carta porque quiero hablarte de todo lo que he conocido y aprendido.
Para empezar debes ponerte en situación y abrir los canales de tu mente imaginativa. Si quieres llegar a captar siquiera una mínima parte de lo que voy a comunicarte debes revisar tus rígidos esquemas mentales y ponerlos boca bajo. Tómate toda la historia de la humanidad como un encadenamiento sin final de estrepitosos errores acompañados de ridículos intentos por alcanzar el placer o el dominio sobre los demás. Imagina que estás en una terraza de un octavo piso de la quinta avenida de Nueva York y ves pasar a toda la muchedumbre con esa actitud estrafalaria y sonámbula que les caracteriza. Puedes comprobar que, según se les mire son grandes triunfadores del mundo moderno o bien unos miserables, unos auténticos pobres diablos estafados por el mundo y por si mismos. Las normas, los dogmas (ya sean de fe o de tipo social), su supuesta felicidad y posición social son una tomadura de pelo. Ahora aplica esto al conjunto de la humanidad (desde las tribus amazónicas hasta las sociedades más tecnificadas) cógela en tus brazos y ponla del revés, remuévela y verás como desaparece pasando a tomar la forma y el color de una mezcla de imágenes , ideas y sonidos muy difusos. Todo, en el mundo donde estás, es pura confusión. Todo es pura norma y rigidez. Consecuencias: los sentimientos, los ideales, la imaginación... no pueden fluir con el ritmo y la energía que requieren. Porqué sentimientos, ideales e imaginación son puro ritmo y euforia en libertad, son ardientes olas de fuego que transportan más allá de si mismos a todos aquellos que montan en sus crestas. Entonces el mundo (tu mundo real) se rompe y ... aparecen puertas. ¿A que te parece todo muy delirante?. Aquí empieza el juego. Coge el cielo azul, póntelo a la espalda (será tu mochila de excursión) y flota conmigo.
Estamos en el centro menor de un gran universo. Tiene forma de clavel y voz de sirena. Quizá puedes oír como canta. Solo que la voz no va de dentro a fuera sino, en un baile recorriendo una espiral, de fuera hacia dentro. Pero este clavel tiene dueño. Mejor dicho, dueña. Está hundido en los cabellos de la diosa de ojos dorados y patas de nubes. Ella es la que sustenta al mundo de los eternos viajeros del crepúsculo. Es un mundo sembrado de caracoles con olor a verano y luz verderosa. Caminan siempre mirando un cielo rojizo con forma de plátano. El caso es que estas criaturas, que sólo disponen de rostro, ríen y lloran al mismo tiempo. Podríamos seguir viajando por los mundos del sueño y conocer a buenos amigos míos como la mariposa de cristal que soñaba con ser oruga de agua, el gran Rey del país de los Flenípulos, las hojas de otoño que cantaban nanas al viento del este o a las cinco estrellitas del mundo de Ostronópolis. Pero, aunque tengo todo el tiempo en mi cartera, habrá otras ocasiones. Quiero que sepas que aquí está mi mundo y mi gente. Las normas que me gustan están aquí porque no existen y aparecen solo cuando la imaginación y el sentimiento lo necesitan. No hay fronteras ni ideologías. Sin embargo los seres de aquí nunca estamos de acuerdo y nuestro trabajo favorito es ir siempre contra la corriente y contra todos. ¡Verdaderamente es como partirse de risa! No hay guerras ni revoluciones pero guerreamos y revolucionamos compartiendo cada uno, cada país, cada universo su propio pedazo de la verdad. ¿Sabes que sucede entonces? De la unión de tantas ideas y opiniones contrapuestas tiene lugar una explosión (peor que la bomba atómica) pero en forma de carcajada (la carcajada universal) y empiezan a aparecer nuevos mundos de sueño, nuevas criaturas, sonidos, melodías y colores antes inexistentes. Y el gran carrusel de las polémicas sin políticas, de risas compartidas, de criaturas sin forma y eternas charlas de primavera vuelve a rodar y a rodar de este a oeste y de norte a sur. Los nuevos nacidos solo tienen un aprendizaje: ser ellos mismo, crear ellos mismos, ser diferentes y enviar besos a cada instante. Como el miedo no existe nadie duerme en horas de soledad sino que el dormir es común a todos porque todos somos y estamos con todos siempre respetando nuestra diversidad ¡Cuantas cosas más podría contarte! Debes sentir mareo y creerás que esto es absurdo pero existe y es real. Solo hay que aprender a volar, a reírse de uno mismo, a entender que el sistema (ese que tan atrapado os tiene) es la bazofia más hortera y ridícula que creó la historia humana.
Mañana cuando te levantes antes de la salida del Sol, ve y sube a un monte alto y observa como amanece; me verás pintar la aurora con una sonrisa y tejer finos suspiros de esperanza que te dedicaré. Recuerda que solo los peces muertos van a favor de la corriente y que la vida puede ser un cuento de hadas que tu puedes escribir. Si tu vida no es un cuento de hadas es porque otros la están escribiendo por ti. Supongo que algún día volveré, desde el interior de mis sueños. Besos y abrazos de tu amigo soñador.