24 de junio de 2007

EL VIAJE A L'ORXA (COSAS DE LA NATURALEZA Y DEL ESPÍRITU)







Se acercaba la noche de San Juan y el verano nos venía con la amenaza de todos los años; la invasión de turistas y las fogatas junto al mar, que siempre dejan un manto de estiércol sobre la arena para dar la bienvenida. En la playa de Gandia se vive bien menos cuando llega el verano, y eso, sumado a las ganas de recoger bártulos y lanzarme hacia algún horizonte, fue lo que motivó la andadura en busca de lugares mágicos, o lugares “de poder”. Desde hace unos cuantos años que voy pateando las tierras del mundo rural circundante a mi hogar, sus montes, sus campos de cultivo y todos los caminos de baldosas amarillas que he podido hallar, los cuales siempre conducen al destino que me aguarda bajo la ermita, iglesia, monumento, ruinas o una fuente de agua que calma mi sed y me ofrece la compañía de sus sonidos al derramarse el chorro fluvial en un estanque o en la acequia del huerto. Si no tuviera nada que hacer, me dedicaría a eso hasta el fin de mis días: andar todos los caminos del mundo que conducen a una insospechada fuente de vida, pues mi destino no sería unívoco, sino que tendría tantos y tan desiguales como sendas hay sobre la tierra. Al final de cada camino -o de cada gran viaje - te espera una ciudad de esmeralda distinta, y aunque halles en ella la voz que indica lo que ya sabes - que en casa se está mejor que en ningún sitio - de lo que has saboreado, aprendido y pensado a lo largo del trayecto, nace una nueva vida, pues el ser que abre la puerta del hogar para reencontrarse con sus disfrutes y ritmos cotidianos ya no es el mismo que aquél que cerró la puerta para ir en busca de horizontes que cobran forma en una lejanía ensoñada.

En Villalonga, no muy lejos de Gandia (unos diez minutos en coche), se alza majestuosa la sierra de La Safor, un semicírculo en forma de corona dentada sugiere el trono de una reina que vigila imperturbable la vida de los lugareños desde hace milenios. La sierra de La Safor y todo lo que hay más allá de los impresionantes peñascos que la coronan, hasta el Benicadell, la Gallinera y la comarca del comtat, un indiscutible lugar telúrico para las almas sensibles, territorio de enorme riqueza floral, animal y geológica, es también un sendero de misterios, el simple y llano misterio de la naturaleza viva a los ojos del andariego que en cada paso se busca a sí mismo y escudriña el amplio abanico de posibilidades que ofrece un paisaje de curvas, colores y sonidos. Varias son las sendas que se escampan por el valle y por los barrancos que se abren paso entre cadenas de montañas, pero es uno el que mejor dirige y sustenta los pasos hacia el mejor de los destinos: la ruta que nos lleva a L’Orxa y que tiene su punto de inicio justo al pie de la mencionada sierra. Así pues, el pasado viernes, mochila al hombro y pies para que os quiero, me dispuse a recorrer los cerca de veinte kilómetros que separan Villalonga de l’Orxa, aprovechando un día claro y sin nubes, lo cual también auguraba la noche y el sueño bajo las estrellas, perdido en medio de cualquier parte, con mi saco de dormir como único refugio. Perderse y no saber dónde pasarás la noche en un ambiente de salvaje naturaleza, me excitaba la idea.

La senda en cuestión es la huella todavía visible de un pasado de viajes en tren, pues su recorrido sigue la trayectoria del antiguo tren Alcoy- Gandia, - popularmente conocido como la txixarra - y es parte de una red ferroviaria inaugurada en el 1892 con el fin de comunicar la costa con las zonas del interior, pasando por L’Orxa y hasta su destino final, el puerto de Gandia. El ferrocarril de Alcoy dejó de funcionar en 1969, y desde entonces se ha convertido en una de las denominadas “vías verdes” más bellas no sólo de la provincia de Valencia, sino del conjunto del territorio español.

Serían cerca de las cinco de la tarde cuando llegué al punto de inicio, acompañado por un amigo, antiguo camarada de pateos, pero ahora me tocaba marchar en solitario. Nos despedimos y fijamos la hora para que al siguiente día viniera a recogerme con su coche. “Ultreya”, le dije mientras me alejaba hacia el horizonte montañoso. Me hacía sentir peregrino y bohemio, que es lo que siempre he querido ser. Por lo menos, tenía por delante un día ,con su noche, enteros para disfrute de mi soledad, y también para ir fraguando mi propio viaje iniciático, a base de introspección y juego imaginativo. Y eché a andar con una sonrisa en la boca, como una felicidad bobalicona, y empecé a reírme de mí mismo mientras mi mente iniciaba el habitual parloteo: ¿A dónde voy y porqué estoy aquí? ¿Qué hago aquí solo?. Según iba avanzando, y el andar se iba haciendo más ligero con la praxis, las dudas desaparecían y me reafirmaba. Toda la belleza a mi alrededor me advertía de que estaba pisando terreno sagrado, y que aquel era uno de los paraísos hallados en mi temprana juventud, al cual retornaba ahora que los tiempos empiezan a cambiar y la madurez amenaza con la pérdida de la libertad y de la inocencia.

A menudo, al paso de mi experiencia, tengo la impresión de que nunca se ha escrito lo suficiente sobre la importancia del paisaje -entorno, para ser más concisos - en la formación de la personalidad. Somos nuestro entorno, sobretodo cuando aprendemos a amarlo porque es entonces cuando surge una íntima relación (una relación creativa) entre el yo y el mundo circundante. La ruta Villalonga- l’Orxa es un viaje iniciático en cuanto que su variedad paisajística, la fascinante disposición de sus relieves geológicos y los restos arqueológicos de aquella vieja infraestructura ferroviaria, la cual dejó a su paso el trazo de caminos sinuosos que penetran en las entrañas de la tierra mediante los túneles varios que el viajero encontrará a lo largo del periplo -tales sinuosidades vienen a ser metáforas del camino de la vida, igualmente incierto y misterioso -, constituye un magnífico estímulo que puede servir de catálisis para el potencial humano del que todos disponemos, pero no todos desplegamos. Transformación, evolución, descubrimiento. Uno no se pone a andar solo por placer, es su vida y su destino lo que va con ello. Por eso es imprescindible diferenciar el senderismo o el “ir a andar” como un mero deporte para “matar el tiempo”, del camino del andariego y del peregrino, que no anda por deporte, sino que es un estilo de vida y un estado del ser, y no “mata el tiempo”, sino que se lo bebe para convertirlo en eternidad. La eternidad, como tal, no existe porque somos perecederos. Pero sí existe un estado del ser en el que podemos sentir la eternidad, nosotros como parte de ella, o sea, del universo. “El tiempo es la imagen de la eternidad en movimiento”. Nunca he alcanzado dicho estado del ser, pero sí creo haberlo vislumbrado. Y a lo largo de la peregrinación a L’Orxa, a causa del mismo potencial que encierra el paisaje, las posibilidades aumentan.

Andaba yo siempre con el sol de cara, mientras éste iba descendiendo, según las horas pasaban, sobre los escarpados perfiles del poniente. De la magia y la riqueza geográfica y silvestre, pasamos a otro elemento indispensable: el fluir del agua. Por si fuera poco, el camino a L’Orxa va acompañado por el paso del río Serpis, o riu d’Alcoy, cuyo avance va paralelo a los pasos del andariego. Otra metáfora de la vida: nuestras vidas son como ríos que van a dar en la mar. En cualquier momento, el viajero puede hacer un alto en el camino, aprovechar algún senderillo - de los muchos que hay- para descender hacia el cauce, sentarse sobre las piedras junto al río, refrescarse un poco las manos y la cara, ver alguna trucha nadando o a familias de peces de minúsculo tamaño. Contemplar el fluir del agua y meditar la vida. Como hizo Siddhartha, escuchar las “voces” del río. Yo tenía pensado bajar a saludar al río, pero dado que tenía el tiempo justo para llegar a L’Orxa antes de que la noche se me echara encima, decidí dejarlo para el día siguiente, ya con mi temprano despertar a la hora del alba.

Cuando llegas al pie de la sierra de La Solana sabes que estas entrando en el término municipal de L’Orxa, repleto de cotos de caza y pesca por doquier. Es entonces cuando el espectáculo formado por los acantilados y los enormes peñascos de roca calcárea, las colinas pobladas de pino mediterráneo y las garzas silvestres que de vez en cuando alzan el vuelo con sus enormes alas, es entonces cuando se vuelve barroco y estremecedor.

No faltaba mucho para el atardecer, así que yo ya andaba preocupado y pensando en el lugar idóneo para plantar mi saco de dormir y hacer noche bajo las estrellas, lo cual no era sencillo teniendo en cuenta que casi todo el terreno es escarpado y pedroso, muy incómodo para las espaldas. Obviamente, no podía dormir tirado en medio del camino. No es muy frecuente, pero a menudo pasa algún ciclomotor o el jeep del guardabosques. No solo me interesaba hallar un terreno plano y libre de arbustos que molestaran a mi espalda tendida, también buscaba una altitud ideal para gozar de las vistas, ampliar los límites de los horizontes y así poder contemplar el mayor ancho posible del espacio sideral. Debido a esto, al llegar a un punto del camino en las inmediaciones del pueblo, me encapriché con una colina cuyo relieve estaba dispuesto de manera artificial por pequeños huertos abandonados, posiblemente dedicados, antaño, al cultivo del olivo o del almendro . Allí había espacio firme para colocar el saco de dormir y, además, si lograba ir escalando los márgenes de rocas, elevarme a la altitud necesaria para poder dominar las vistas de gran parte del valle y de la sierra. El problema era que dicho montículo estaba al otro lado del río, con que era cuestión de ir nadando o de encontrar algún puente que me permitiera cruzar hacia la otra orilla. Descendí por un camino que llevaba hacia el río, en busca del puente o de alguna formación de rocas en hilera. No había nada de eso, la profundidad del río, como mínimo, me cubría hasta las rodillas y no estaba dispuesto a mojarme con la ropa y la mochila a cuestas. Volví sobre mis pasos y reinicié la marcha.

Si mágica, por iniciática, es toda la senda que recorre los veinte kilómetros desde el pie de la sierra de la Safor hasta el pueblo que le da el culmen definitivo, mágico es el momento de llegada y entrada en el valle de L’Orxa, puesto que en la primera imagen, al doblar una curva entre dos peñascos, verás las ruinas del castillo de Perputxent, elevándose a trescientos ochenta metros, con doble recinto amurallado y situado sobre una montaña que baja en acantilado hacia el valle donde transcurre ,silenciosa y tranquila, la vida de los lugareños de aquel pueblecito oculto entre las montañas. El castillo de Perputxent es la reliquia del valle, y reina sobre él desde su altura y desde la evocación de siglos de historia. En su origen, fue construido por los musulmanes de Al- Ándalus, perteneció a Al- Azraq, el cual fue víctima y vasallo de la conquista y posterior reinado de Jaime I de Aragón. En el año 1269, el rey cedió el castillo a un tal Gil Garcés de Azagra. Posteriormente, el castillo pasó a ser propiedad de la orden de los templarios, lo cual alimenta el mito del lugar y de su legendario nombre.
Supe, de inmediato, que tenía que pasar la noche en un lugar que estuviera frente al castillo. Y otra vez, vi una colina dispuesta en márgenes de piedra que formaban huertos de cultivo en desuso. Sin pensarlo dos veces, comenzó mi ascenso a las alturas, solo que no llegaría tan alto como yo gustara, pues los muretes de piedra, junto con la maleza punzante y el peso de mi mochila, dificultaban cada vez más la posibilidad de llegar a la cima. Llegué a una cierta altura desde donde podía verse gran parte del valle, el castillo también lo tenía en frente y además encontré un terreno adecuado para acampar, de hierbajos secos que carecían de raspas y espinas punzantes. Limpiando un poco el terreno, apartando las pequeñas rocas, cortando algún arbusto aquí y allá, definitivamente era un buen sitio para dormir. Descargué la mochila y saqué el saco de dormir para tenerlo todo apunto. Acto seguido, busqué un buen sitio para sentarme, descansar y comer algo mientras contemplaba el atardecer. Hacía un poco de fresco y el viento arrastraba algunas voces, desde la lejanía del pueblo. La luna, en el cenit, dividía en dos el espacio sideral desplegado ante mis ojos. Y con sigilo, entre viento, voz y cielo, fui penetrando en la noche que ya todo lo oscurecía. El castillo templario tenía un aire siniestro, con la visión nebulosa de sus ruinas que parecían arrastrarse a lo largo y ancho del acantilado. Ya no podía ver nada definido, tan solo formas y sombras que se ocultaban en la noche, crujidos de ramas, algunos grillos, pájaros anidando en los ramajes, serpientes arrastrándose no muy lejos de mi. Estaba yo solo conmigo mismo y con la naturaleza hostil. Pude, por escasos momentos, sentir algo del miedo ancestral, el que sin duda experimentó hasta el paroxismo el hombre prehistórico y todavía desconocedor de la luz del fuego. ¿Cómo sentirse sino, cuando te abandona la luz del sol, en una noche sin luna, sin poder ver nada y sin poder defenderse de las fieras salvajes?. El miedo ancestral que los niños -y algunos adultos también - sienten cuando la madre apaga la luz de la habitación y se queda solo ante las sombras que lo envuelven, desconocidas, amenazadoras: un simple armario se convierte en la caverna del monstruo, el sonido de una cortina movida por el viento revela la presencia de algo o alguien que no sabemos qué o quién es. De igual modo, el hombre de la prehistoria, aterrorizado y acurrucado en alguna cueva, tiembla ante el sonido siseante de un reptil que oye pero no puede ver, una mínima variación en la densidad del aire, o ante el rugido de las fieras. Cuando uno toma conciencia de lo que aquel terror debía suponer para el hombre primordial, se vislumbra con claridad el gozo y la alegría experimentados con la salida del dios Sol, la Luz de un mundo sometido a los peligros de la oscuridad. Por eso, la religión solar es la semilla de todas las religiones posteriores.

Estas y otras cosas me vinieron al pensamiento mientras gozaba de la noche y sus misterios. Hay algo de prehistórico en aquel valle, mágico, que nos remite al hombre primordial, o yo al menos así lo sentía a causa de la naturaleza que me arropaba. Pensé también sobre mi juventud, la que ahora es pero ya no tanto como la de antaño, sobre lo que pudo haber sido y no fue...y sobre el olvido y el recuerdo. El recuerdo es un olvido atrapado en la melancolía, a causa de ello todo pasado es una ficción surgida de una mente que sufre. Pero sin melancolía no habría ni literatura ni ficciones. Ni arte. Ni amor. Ni dolor. ¿Qué haría yo sin el dolor?. Bajo las estrellas, sentí el profundo dolor en mi noche oscura del alma, quise imitar a Jesús en el monte de los olivos, pero inmediatamente la sonrisa de mi felicidad volvió a poner las cosas en su sitio. Me sentí pletórico, extendí los brazos hacia las estrellas del firmamento, como queriendo abrazarlo todo, e inicié el ritual de adoración al cosmos y de celebración a la vida, imité un gesto hindú - el gesto de adoración solar que vi y aprendí en Benarés, a orillas del Ganges, pero esa historia la escribiré otro día...- y eché al vuelo unos cuantos deseos para mí, para los míos y para toda la humanidad.
Al fin, me despedí de la noche y me acurruqué en mi saco de dormir, rodeado de arbustos, algarrobos y helechos, e intenté protegerme de los insectos que merodeaban a mi alrededor. Todo silencio, solo algunos grillos y la luz de las estrellas. Cuando ya casi estaba dormido, vi un objeto que cruzaba el cielo. No era un avión, no tenía el trazo fugaz y perecedero de un meteoro. ¿Un satélite?. ¿Un globo sonda?. ¿Un OVNI?. Y así me dormí en paz.

Desperté con las primeras luces del día. Me lavé un poco, manos y cara, con el rocío de la mañana depositado en las hojas de una higuera. Puse a punto la mochila e inicié el descenso hasta el camino principal. Eran las seis y media. Tenía tiempo de sobra para recorrer poco a poco el camino de vuelta. Anduve un par de kilómetros hasta que vi una senda que bajaba al río. Abajo había cañas y piedra calcárea, hasta la orilla. Por todas partes se alzaban los pinos y reforzaban el aroma matinal mezclado con la fragancia del agua. Me acerqué a la orilla y tomé un poco de agua con las palmas de mis manos para comprobar su estado. Limpia y clara. Tentado estuve de meter la cabeza, pero me conformé con mojarme la cara y lavarme las manos. Estaba tan fresca que me devolvió la más elevada vitalidad. Era un buen momento para desayunar. Saqué de la mochila unas galletas acompañadas de frutos secos, y una botella de agua. Y comí viendo al agua fluir en su eternidad. Nuestras vidas son los ríos... Mi vida quería reflejarse en aguas claras y cristalinas. Me ví a mí mismo formando parte de la belleza, y sentí que mi alma era tan divertida, libre, pura y clara como aquellas aguas. Jamás olvidaré al río Serpis a su paso por L‘Orxa. Quizás, sin darme cuenta, en aquél rincón de la vida había hallado mi destino. Uno de los muchos destinos. Caminé descalzo sobre las rocas, a punto estuve de quitarme toda la ropa y de lanzarme a sus aguas. Por un lado, me entró timidez. Por otro, quise sentir mi cuerpo desnudo fundirse con el agua. Todo quedó en el pensamiento. Y en la vida interior...

El camino de vuelta fue largo y lento. Me limité a disfrutar sin propósitos, pararme en alguna vereda, contemplar los árboles, saludar a las aves. Eran las doce de la mañana y ya había llegado al punto de encuentro. A las cuatro y media de la tarde vendría un coche a recogerme. Me sobraban horas, así que decidí proseguir el viaje y me dirigí hacia la sierra de La Safor, buscando el refugio, una pequeña caseta de piedra situada en la falda de la montaña. El ascenso fue duro. Una carretera empinada conduce hacia el refugio. Cuando llegué, exhausto, me senté en el insignificante merendero y me dediqué a gozar de las vistas. Llovió durante un tiempo, unas pocas gotas. Me comí el último bocadillo, y pasé un buen rato viendo un rastro de hormigas que se afanaba en recoger y almacenar las miguitas de pan que habían caído al suelo. ¡Qué ejemplo de orden y constancia en el trabajo!. Siempre me ha fascinado la civilización de las hormigas, funcionan como una única máquina recogedora dividida en pequeñas piezas autónomas pero interdependientes. Cosas de la naturaleza, la cual no se preocupa precisamente por las inquietudes de mi espíritu.

Alrededor de las cinco de la tarde, yo ya había bajado para esperar el coche que me llevaría de vuelta a casa. Me regocijé durante un rato bebiendo las aguas de La Reprimala, el nombre de la fuente más conocida de Villalonga. Al fin, vino el coche, puse la mochila en el maletero y me reencontré con mi amigo en el interior de este. Me saludó, me miró, y dijo:

- Hay algo diferente en ti
- ¿Diferente? ¿A qué te refieres?- le repliqué yo.
- No sé, tu cara...
- A mi cara lo único que le pasa es que le ha dado mucho el sol y se me ha puesto la piel morena.
Mi amigo titubeó un poco, moviendo la cabeza:
- Ah bueno, puede que sea eso, pero no sé...

Yo tampoco lo sabía, o si lo sabía, lo he sabido desde siempre. El coche arrancó y nos alejamos de allí camino de la carretera. Volví la vista atrás y recordé que había vivido un día entero, con sus luces y sus noches, con mis luces y mis noches, en tierra sagrada.


Sierra de la Safor. Un semicírculo muy peculiar.



José A. Peig

8 de abril de 2007



Onailime
- Podcast de literatura y pensamiento -

http://www.lacoctelera.com/onailime


Guión del programa número 1:


1- Presentación:

Hola, soy Emilio Castillo y tengo 39 años. Os hablo desde Gandía, provincia de Valencia. Este es mi primer podcast.

Hace mucho tiempo soñé con hacer un programa de radio pero las circunstancias de entonces me tiraron para atrás. Hoy gracias a Internet puedo realizar ese sueño sin tener que aceptar contraprestaciones y en total libertad.

Para quien no lo sepa, un podcast es una grabación de audio en diferido que haces en tu ordenador personal y que luego cuelgas en Internet. Esta grabación está a disposición de cualquiera que desee bajársela y escucharla en cualquier lugar; ya sea en su PC, en un Ipod o en el radiocasset del coche. Total libertad para grabar aquello que se te ocurra y total libertad también del oyente para escuchar dicho podcast donde le plazca. La radio a la carta.

Antes que nada quiero rendir un pequeño tributo a los podcast pioneros de la Internet en español. Estos podcasters, avanzadillas de la era digital, son responsables de que finalmente me haya decidido a realizar este programa.

Los enlaces de cada podcast los podéis encontrar en la página web de Onailime:
http://www.lacoctelera.com/onailime, concretamente en el vínculo que apunta a Mis Favoritos Web, la cuenta que tengo en del.icio.us

En la página del podcast también encontraréis los guiones de cada programa.
Paso a comentar los podcast que conozco y me parecen más interesantes.

- El Rincón de Laura (http://www.elrincondelaura.com)

Podcast sobre las aventuras y desventuras de Laura, una chica que le pasan cosas increíbles con su toque, gracia y mala leche.


- Guisando.org (http://www.guisando.org/)

Podcast de recetas de cocina de Guisando.org. Cada semana se comenta paso a paso un menú de dos platos y un truco. La duración está en torno a los 15 minutos y la periodicidad es quincenal.

- Byte (http://www.arroba.com.mx/byte/blog/)

Un podcast de tecnología, GNU/Linux, gadgets, software, bookmarks, electrónica de consumo, cultura digital e Internet en general.
Con David Ochoa y amigos que lo acompañan.

- Punto y Aparte (http://weblog.topopardo.com)

Carlos Fenollosa, de Punto y aparte, habla sobre informática, software libre e Internet. El podcast contiene una mezcla de secciones fijas, como análisis sobre sitios web, resumen de barrapunto.com y software, aderezado con música libre y reflexiones interesantes.
La periodicidad suele ser quincenal y dura unos tres cuartos de hora.

- Podcast China (http://www.todachina.com/)

El primer podcast retransmitido desde China en español.
Toda China tiene la intención de ser el punto de encuentro de todos los hispanohablantes interesados en China. Por fin va a existir un portal así en español, para aprender chino o para lo que sea. Todos estáis invitados a participar en sus múltiples secciones.

Onailime es un podcast de literatura y pensamiento. Siguiendo con la tradición de Escribano, un viejo fanzine que publiqué en el año 2000, pretendo difundir la literatura, los cuentos y la poesía. También haré comentarios personales sobre temas de actualidad.

En principio este podcast tendrá 4 secciones fijas que espero me alcancen para unos 35 minutos de programación. Ahora paso a comentaros cada sección con detalle.

1) Cuentos y leyendas: será el primer apartado, pretendo dar a conocer el rico legado de la literatura universal. Cuentos de todas las épocas y colores, de autor anónimo y también personal.
Escogeré cuentos que no sean muy largos para poder leer en voz alta. Algunas narraciones son originales y sólo se han publicado en el fanzine de Escribano o en su versión digital:
http://escribanoweb.blogspot.com/

2) Opinión y aportaciones personales. Contaré mi punto de vista sobre diversas cuestiones, siempre alrededor de los temas que más me interesan.
He recopilado algunos de los mejores artículos o post que publiqué en mis páginas personales de EscribanoWeb e Improductivo.

También incluiré en esta sección, un apartado sobre mis favoritos web. Las páginas más interesantes que voy descubriendo en mi navegación por la red. Todos estos enlaces recomendados podéis encontrarlos en el vínculo a:
http://del.icio.us/onailime que tenéis en el menú a la derecha del Blog de Onailime

3) El apartado musical que me parece aligera el podcast y sirve de intermedio antes de abordar la última sección.

Aquí tengo que hacer una declaración de intenciones sobre el tema de la música y los derechos de autor.

Voy a utilizar música protegida y de autores conocidos, porque pienso que la difusión cultural de la música, la literatura y el cine son un derecho. Y además me parece que el copyright tal como lo conocemos ha perdido su razón de ser.
Siempre que no haya afán de lucro y se reconozca la autoría de la obra la difusión cultural debe estar permitida. No hay plagio ni aprovechamiento económico, así que no hay más que hablar.

Los escritores digitales animamos la cultura, los autores y los distribuidores deberían agradecernos el esfuerzo que hacemos por difundir sus obras. Y como dice Enrique Edans en su blog RECUERDA que:

* Descargar y compartir música (sin fines de lucro) no es ilegal.
* Poner enlaces a torrents o descargas en eMule no es ilegal.
* Multar a personas por compartir música es ilegal.
* Que un medio, o el representante de turno de X sociedad colectiva de autores diga que cierto acto es ilegal, ¡no lo convierte en tal! infórmate, la ley está para protegerte.

http://edans.blogspot.com/archives/2006_04_01_edans_archive.html

También comparto la opinión de Jorge Cortell cuando dice que : Las leyes de Derecho de Reproducción (es un insulto a la inteligencia enmascararlas tras el término "Propiedad Intelectual") son unas leyes abusivas, lesivas al interés general, y que sólo benefician a los editores, productores, y distribuidores (y a organizaciones como la SGAE), sin aportar soluciones al problema de la falta de impulso creativo (más bien entorpeciéndolo al restringirlo y limitarlo a unos pocos). Jorge destacó que los que más se lucran con el copyright son los distribuidores y los oligopolios mediáticos y argumentó que la mayor ganancia del autor no se produce con la distribución o venta directa de su obra, sino con otros beneficios derivados.

Una vez aclarada mi posición, me gustaría saber cómo veis vosotros el tema de los derechos de autor y si es razonable utilizar música protegida en los podcast. Podéis enviar vuestros comentarios a mi dirección de correo:
milianito@gmail.com

La última sección del podcast está dedicada a la poesía
4) Mis poemas preferidos. Aquí seleccionaré los poemas que más me han impresionado de mis lecturas, y también aquellos que me recomiendan los amigos.

Aquí comienza pues la sección de Cuentos y Leyendas.


2- Cuentos y Leyendas:

La historia del carretero que tenía una mujer astuta

En cierto lugar, vivía un carretero cuya mujer andaba siempre tras los hombres y era objeto de pública reprobación. Como él deseaba cerciorarse, pensó: <<¿De qué modo lo voy a comprobar? Es además cosa que no conviene hacer, ya que en cuestiones de ríos, linajes y monjes magnánimos, más vale no investigar, igual que si se trata de demostrar la mala conducta de las mujeres.>>

<<Un monje gozó a la hija de Matsya, surgida del semen de Vasu; fue engendrado Vyasa, quien poseía las cien virtudes; ¿qué más?, al ordenar pos sí mismo los vedas, fue también el afortunado fundador de la familia de los Kurus; ¡ajajá!, las profesiones puestas en práctica, ofrecen muchas dificultades.>> <<Y lo mismo puedes decir de los linajes; incluso en el de los magnánimos Pandavas, más vale no investigar el origen, porque encontrarás en Kxetrajas. Y los mismo ocurre con las mujeres; porque si se pusiera al descubierto su mala conducta, iban a quedar en evidencia muchísimos pecados. Por tanto: Si el fuego fuese frío, la luna caliente, y el malvado, hombre de bien, entonces podría encontrarse virtud en las mujeres.>>

<<En consecuencia, si es o no virtuosa, lo sé tan sólo por la voz pública. Y se ha dicho: Lo que ni en los vedas ni en los libros se puede ver ni leer, lo conoce el mundo tan bien como lo que hay en el huevo de Brahma.>>

Tras de hacerse estas reflexiones, le dijo a su mujer:
- Amada mía, mañana por la mañana saldré para otra aldea, donde voy a pasar varios días. Prepárame, pues, algo para comer en el camino.

La esposa se sintió contenta al oírle, a causa de los vehementes deseos que la dominaban. Por lo que dejó en seguida todos sus quehaceres para aderezarle un arroz con manteca y azúcar. Pues bien, se ha dicho lo que sigue:
En un día malo, en densa oscuridad, en las calles más estrechas y de difícil paso de cualquier ciudad y durante la ausencia del marido, se encuentra el mayor placer de la mujer lasciva.

A primeras horas de la mañana siguiente, se levantó el carretero y salió de su casa. Ella al comprobar que se había ausentado, se pasó casi toda aquel día afeitándose el cuerpo y la provocativa cara; luego, se fue a la vivienda de unos rateros para decirle a un conocido suyo:
- Mi desalmado esposo se ha marchado a otro pueblo; vente, pues, hoy a mi casa cuando todo el mundo duerma.

Una vez dispuestas a sí las cosas, el carretero, que había pasado el día en un bosque, regresó al anochecer, y, se ocultó debajo de la cama. Entretanto llegó Devadatta, que así se llamaba el amante, y a su vez se echó en la cama. El carretero, al verlo, se llenó de indignación y pensó: <<¿qué hago?, ¿me levanto y le mato, o es mejor descargar luego mi ira sobre ambos cuando duerman? Sí, quiero antes ver lo que ella hace y oír la conversación que con él tiene.>>

Entretanto, su mujer cerró la puerta de la casa y también se subió a la cama. Pero al hacerlo, su pie chocó con la cabeza del marido y en seguida se dijo: <<Seguro que ese malvado carretero se ha ocultado aquí para probarme. Pero voy a salvarme con mi ingenio de mujer.>>
Mientras ella así pensaba, Devadatta no podía contener sus deseos, pero la esposa, uniendo las manos a modo de plegaria, le dijo:

- !Varón de nobles sentimientos, no roces siquiera mi cuerpo, pues soy virtuosa y fiel a mi marido! De otro modo, te echaré una maldición que te reducirá a cenizas.

- Para eso - contestó él - no valía la pena hacerme venir.
- ¡Ah! - le advirtió la esposa - , escucha con atención: Esta mañana he ido al templo de Chandika para ver a la diosa. Allí he oído una voz que desde el aire me decía:
<< - Hija, ¿qué puedo hacer yo? Tú me tienes devoción, pero el destino ha decidido que quedarás viuda dentro de seis meses.

<< Entonces he dicho yo:
- ¡Ah, bienaventurada! del mismo modo que sabes mi desgracia, debes conocer también el remedio. ¿Existe alguno con el que mi esposo pueda vivir cien años?
En seguida la diosa me ha respondido:
- Hija, aunque exista, no existe, pues ese remedio es de tal índole que tú no vas a querer emplearlo.
Al oírlo, he afirmado yo:
- Diosa, aunque exija mi vida, revélamelo que lo haré.

- La diosa, entonces, me dijo:
- Si te acuestas en una misma cama con otro hombre y le das a éste un abrazo, entonces la implacable muerte que acecha y a tu marido se irá con el otro y, en cambio, tu marido vivirá durante doscientos años.

Por este motivo te he llamado. Tú haz lo que hayas pensado hacer, pues lo que me ha revelado la diosa no puede ocurrir de otro modo; tan firme es mi resolución.
El necio del carretero, al oír estas palabras, salió de debajo de la cama con todos los pelos del cuerpo erizados de satisfacción y gritando:
- Bendita seas, mujer pura y leal a tu marido; bendita seas, alegría de tu familia; bendita seas. Yo, con el corazón envenenado de sospechas por la mala lengua de gentes envidiosas y deseando probarte, simulé que me iba a otro pueblo, pero en realidad vine a ocultarme aquí, debajo de la cama. Ven, pues, y dame un abrazo.

Tras decir esto, la estrechó entre sus brazos, se la subió a la espalda y la advirtió a Devadatta:

- ¡Oh, varón de nobles sentimientos!, a causa de mis buenas obras en mi anterior existencia, has venido tú aquí y por tu intervención acabo de conseguir una vida de doscientos años. Dame también un abrazo y sube a mis espaldas.

Con estas palabras, y aunque Devadatta se resistía, lo abrazó a la fuerza y se lo cargó a la espalda; y, brincando a los acordes de un instrumento musical, lo paseó ante las puertas de todas las casa. Por esto yo os digo:

Al necio, aunque se le ofenda en su presencia, le aplacan las palabras conciliadoras, igual que al carretero que llevó sobre su cabeza a su mujer y al amante.


3- Sección musical:

Crazy , en versiones de Patsy Cline y Norah Jones


4- Mis poemas preferidos:

Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada

He seleccionado tres poemas del libro de Pablo Neruda: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Este poemario fue escrito en 1924 cuando el poeta tenía veinte años...


ABEJA BLANCA ZUMBAS...


ABEJA blanca zumbas - ebria de miel - en mi alma
y te tuerces en lentas espirales de humo.

Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo y el que todo lo tuvo.

Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi tierra desierta eres la última rosa.

Ah silenciosa!

Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.

Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.

Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa
de sombra.

Ah silenciosa!

He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viendo del mar caza errantes gaviotas.

El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos las hojas.

Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.

Ah silenciosa!



PARA MI CORAZÓN...


PARA mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.


ME GUSTAS CUANDO CALLAS

ME GUSTAS cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.


5- Despedida


Con la sección de poesía doy punto final al primer podcast de Onailime. Un programa de literatura y pensamiento.

Os habló Emilio Castillo desde Gandía, provincia de Valencia.
Nos vemos en el próximo podcast, si gustáis.

Espero vuestros comentarios y sugerencias en la página web:
http://www.lacoctelera.com/onailime

o en mi buzón de correo:
milianito@gmail.com (Emilio Castillo)

Salud y Linux!


30 de noviembre de 2006



Hombres: una crisis de identidad
Documentos TV - Noviembre 2006

He disfrutado con el programa de esta noche.
Es un tema antiguo para mí, siempre me interesó la cuestión del género, los roles sexuales y la diferencia entre hombres y mujeres. Si éramos distintos, por qué razón lo erámos, y qué hacer entonces.

Yo pensaba en la diferencia como algo negativo, me negaba a aceptarla, era una maldición impuesta, un abismo que no podía ser cruzado. Discutía con Teresa, una amiga de entonces, y ella lo tenía muy claro "los hombres sois diferentes" decía. Para mi esa diferencia era inaceptable, me quería convencer de que eran sólo tópicos, máscaras sociales. La clave estaba en una educación separada, los estereotipos antiguos... pero ahora pienso más bien que es una realidad.

Mi compañera, esa mujer que me sonríe cuando le hago bromas, ellas son diferentes.
Por supuesto que también existen los individuos, y que los hombres, mis amigos, tienen su personalidad. Pero hay algo que tenemos en común y que no compartimos con las mujeres.

Ese deseo - apetito sexual - ese gusto por la competición, por la lucha. La preferencia por el pensamiento analítico, un interés acusado por las máquinas. Son unos condicionantes comunes que me llevan a afirmar: Sí, es verdad, los hombres somos diferentes. Y hora además estamos en crisis.

Hemos de partir de esto que somos, de esa educación desigual y limitadora que los dos sexos hemos sufrido para construir una nueva identidad. Los hombres podemos ser gayeteros (Gay y Heteros) sin sentirnos rotos ni fragmentados en nuestro interior.

A lo mejor es necesario que nos juntemos para hablarlo. Reflexionar sobre lo que es ser hombre aquí y ahora.
Es necesario descubrir de una manera positiva y afirmadora nuestra condición masculina. Explorar la masculinidad y cómo podemos vivirla de forma creativa.La condición homosexual es un elemento también a tener en cuenta. Rol, género, preferencia sexual, conceptos que deben discutirse en los grupos de hombres.

A lo mejor también podemos aportar algo al movimiento feminista después de todo.

Asociación de hombres por la igualdad de género - Ahige

6 de octubre de 2006

Recital de Poesía en Gandía
* Casa de Cultura Marqués González de Quirós, sábado 7 de octubre a las 23 h.

El recital poético titulado Saforíssims:6x6 reune a jóvenes promesas con escritores consolidados. Los dúos poéticos estarán formados por:
  • Miquel de Palol y Xènia Dyakonova
  • Marc Granell y Rubén Luzón
  • Biel Mesquida y Núria Martínez
  • Enric Casasses y María Cabrera
  • Jaume Pons y Josep Pedrals
  • Josep Piera y Àngels Gregori
La propia Àngels Gregori destaca de este recital que "se ha reunido a seis poetas de los 70 y seis de la última generación" lo que hace mucho más interesante este recital. El acto poético será presentado por Jordi Llavina y forma parte del Encontre de Joves Escriptors que se está celebrando en Gandía.

Por la mañana se entregaran los premios literarios, Ausías March de poesía y Joan Martorell de narrativa. Para cerrar esta semana de fiesta literaria en Gandía, el domingo 8 de octubre está prevista la actuación de Lluís Llach a las 22:30 horas. El cantautor catalán pondrá en escena su último trabajo "I punt". Las entradas para el concierto pueden adquirirse en el Teatre Serrano

13 de septiembre de 2006


* Ceràmiques de Empar Faus en Benirredrà

Inauguración: Viernes 15 de Septiembre a las 19:30 horas.
Ayuntamiento de Benirredrà. Visitas hasta el 30 de Septiembre.

Podéis visitar su página web en http://www.lacoctelera.com/caholin

30 de agosto de 2006

Shyamalan y la fe de los soñadores
* José A. Peig




Advertencia: no leas este post si todavía no has visto la película. Y recomiendo efusivamente, cuanto antes, su visionado

M. Night Shyamalan se desnuda para mostrarnos sus fantasías y su cobardía intelectual en éste nuevo cuento de hadas, el más directo y sincero de cuantos ha filmado hasta la fecha.

Y ésta vez no hay trampa. No es un truco efectista para desconcertar al espectador en el momento en que la historia da el giro deslumbrante que nos adentra en un tejido de metáforas y reflexiones filosóficas, antropológicas y sociológicas, como en el caso de “El bosque”. Tras los títulos del inicio, se nos muestra que entramos en el reino del mito y el encantamiento, no dejando al espectador otra opción que la de arrullarse en la butaca como un niño inocente dispuesto a creerse el cuento de hadas, emulando una de las escenas en las que el genial Paul Giamatti se esfuerza por transfigurar su pose nerviosa e insegura en la viva imagen de un niño de cuna ante la presencia de la narradora. Y ésa es la única forma de disfrutar la película.

Todo parte del mito de la ninfa de las aguas, criaturas del otro mundo que velaban por la inspiración de la humanidad hasta que ésta se torció, vinieron las guerras, las desigualdades y las luchas entre clases sociales. El mundo, en suma, perdió su comunicación con la magia y el encantamiento, con la inocencia...y los hombres ya no sabían escuchar la sabiduría que brotaba desde las profundidades. Es como el mito de aquella época dorada en que la humanidad vivía en armonía consigo misma y con los elementos de la naturaleza. Se perdió, por tanto, la trascendencia. La cámara de Shyamalan nos introduce en el mundo real y actual partiendo de un oscuro rincón sobre el que se abalanza el señor Cleveland, el protagonista de la historia, para terminar con la vida de un bicho que atemoriza a los residentes.

Cleveland es el regente de un bloque de apartamentos, tartamudo, algo aséptico y desorientado, vive entre su soledad y los quehaceres con sus inquilinos, todos ellos con algún “tic” de personalidad: un muchacho que quiere ser especial aumentando la masa musculosa de sólo una mitad de su cuerpo, un crítico de cine inexpresivo y pedante, un viejo mudo que pasa el tiempo viendo la televisión sentado en el sofá, un grupo de jipis, una escritora retirada y un ensayista con grandes pretensiones. Todos tienen pretensiones de ser algo especial, no lo saben pero están a punto de embarcarse en una misión para salvar a la humanidad. Son la síntesis de un mundo rutinario, un micro universo de seres y pareceres que aletean alrededor de un punto central azul: la piscina, el punto omega desde el que surgirá lo extraordinario, el hada con rostro de muñeca de porcelana que vendrá a dar sentido a las vidas de todos ellos. ¿Quién puede dudar de que ésta es una historia sobre cómo la rutina y el desencanto de la vida cotidiana se van deshaciendo con un progresivo acto de fe en un cuento de viejas sobre criaturas marinas que vienen al mundo para redimirlo y restablecer la armonía, ésa quimera de la conciencia colectiva, el creer que antes todo fue idílico y que si dejó de serlo fue por un propósito y siguiendo las pautas de un plan universal que nos guiará a todos hacia un nuevo mundo? . Es Dios y la fe lo que Shyamalan intenta diseccionar a pulso de fantasía y micro drama costumbrista, recogiendo el estado actual de miedo frente a un mundo convulso.

No en balde, son reiterativas las ocasiones en las que se nos muestra el televisor encendido en los hogares de los residentes del bloque de apartamentos - que casi se constituye en único escenario de la narración -, constantemente emitiendo las imágenes de la guerra de Irak. En otro momento, uno de los protagonistas, dice sin tapujos algo así: “la originalidad es algo inexistente en el mundo de hoy”. Y, claro, Shyamalan se frota las manos haciendo su peliculón, un derroche de megalomanía muy cargado de pretensiones. Nada nuevo, por otra parte, viniendo del autor de “Señales” y “El bosque“.

Según va avanzando la historia, la magia va cobrando forma real y palpable, al menos en la mente de Cleveland y del grupo de soñadores que andan en busca de fe en algo que de un sentido trascendental a sus vidas. Uno de ellos tiene la verdadera voz cantante, un escritor de ensayos de índole político-sociológico el cual, según la visión del hada de las aguas, ha escrito un libro que en manos de un futuro líder (un predicador para una nueva era, vaya) impulsará un cambio de proporciones planetarias, el retorno a la época dorada. Hay un profeta, un grupo de hermanos, un guardián que doblegará a las criaturas malignas que amenazan a la vida del hada. Cleveland se deja seducir por el sueño y busca una correspondencia en el mundo real para todos los elementos iconográficos de lo que no debía ser más que una ficción para niños de cuna. Necesita la existencia de tal correspondencia para hacer posible la salvación del hada y para que la redención de la humanidad inicie su primer ciclo. Todo es un acto de fe. Así suele suceder, probablemente, siempre que un ser humano se embarca en pos de un sueño.

Y éste es, según mi sensibilidad, el aspecto más desgarrador de la película: late un profundo desasosiego ante la realidad de un mundo a las puertas del apocalipsis. Mejor dicho, late un desgarrador temor ante la posibilidad de que todo sea una fantasía para escapar de la cruda realidad. Hay, en consecuencia, una desesperación por creer en la magia, en los dioses, en los seres superiores, en los designios del universo planificado por “energías” y “fuerzas” sobre las que nos gusta pensar que no entendemos, pero que, de algún modo, y todo sea por mantener la esperanza, deberían existir. No porque venga de la mano de la razón y la lógica, sino simplemente porque necesitamos creer. Es patológico buscar “señales” en un crucigrama de una revista semanal o en la visión de las cajas de cereales en el estante de la cocina. Puede ser excesivo, pero el cineasta hindú nos lo muestra sin tapujos y se deja enternecer en la maravillosa secuencia en la que Cleveland y los suyos rodean a la desvalida joven del agua, entre el escepticismo y la esperanza, mientras Cleveland la abraza entre lágrimas de dolor. La única esperanza a su dolor es la fe en la resurrección de la chica (¿a qué me suena esto?). Es la señal que él necesita...


Definitivamente, M. Night Shyamalan está loco, por su descaro y desparpajo. Un aplauso por su atrevida creatividad, pero algo chirría en éste tinglado antropológico-religioso-místico (¡toma ya!) que se trae entre manos. Debo decir que “La joven del agua”, a primera vista, me ha gustado menos que “Señales” y “El bosque”. Aquellas dos guardaban un buen equilibrio entre la pretensión de entretener y la de hacer pensar al espectador. En ésta predominan, quizá demasiado, las pretensiones filosóficas y demás, haciendo que resulte menos lúdica que sus obras precedentes (de “El protegido” no hablo porque todavía no la he visto). Sí ,me encantan la multitud de mensajes subliminales que subyacen durante casi todo el metraje, me encanta que Shyamalan sea un cineasta místico, pero también me quedo con la impresión del exceso de palabrería y de, tal vez, haber echado de menos un poco más de lirismo y misterio alrededor de la joven protagonista, lo que se dice profundizar más en su perfíl de ser mitológico pero sin caer en demasiados hermetismos.

Lo más peligroso y discutible de todo es la cobardía intelectual del discurso: todo está en manos de la fe en seres y cosas sobrenaturales. Shyamalan no soporta la realidad y quiere que el mundo alcance el bien mediante la intervención de la magia, del pensamiento supersticioso y demás entelequías de la New Age que han pasado a formar parte de la cultura de masas como una reacción frente al caos y la pérdida de valores post-moderna. Mientras que en “El bosque” nos hablaba de afrontar la realidad, descabezando mitos y enfrentándose a la civilización con la esperanza puesta en la bondad del ser humano, aquí todo está en manos de esperanzas fantasiosas. Por ello, y no obstante, éste sí es un cuento de hadas puro y duro, y como tal hay que valorarlo.


A su favor debo resaltar que, como comentaba al principio, aquí no hay trampa ni giro dramático inesperado que haga chirriar la trama, ya desde el inicio sabes que vas a entrar en un mundo de fantasía con la finalidad de poner a prueba la fe de los protagonistas de carne y hueso. Por otra parte, la película pretende ser tierna y sensible, y de hecho lo logra sin caer nunca en la cursilería. La brillantez narrativa de Shyamalan sigue vigente y demuestra que, a pesar de estar tejiendo historietas que, por sí mismas, son un despropósito porque sólo él se las cree, sabe moverse en ese terreno abonado con sus propios temores y fantasías.

“La joven del agua “ es la menos comercial de sus películas, y por eso será -está siendo ya - duramente vapuleada tanto por el público y la crítica. Se le buscarán todas las incongruencias posibles y dirán que el argumento no se sostiene, olvidando que aquí de lo que se trata - como de forma más o menos subliminal nos lo dice el propio Shyamalan en la escena en la que Cleveland se ve obligado a rezongarse y sonreir con el candor de un niño si quiere seguir escuchando y sacar provecho del cuento - es de sentarse en la butaca y “babear” viendo el cuento.

Por algo es el cineasta más incomprendido de la actualidad...

5 de agosto de 2006

KOSMOS, MUERTE Y VIDA (DE LA MANO DE JESÚS MOSTERÍN)

La vida es un estado excepcional de desequilibrio termodinámico, de separación de la corriente principal de la realidad. La muerte es la vuelta al equilibrio, a la normalidad. La individualidad del ser vivo se construye sobre el desequilibrio con el entorno, es difícil de mantener, improbable y frágil. La muerte es el colapso de la individualidad, el retorno a la unidad, al equilibrio, al origen, al estado de indistinción previo a la existencia. Los seres vivos somos espuma efímera y olas fugaces del profundo océano de la realidad.

La muerte es la pérdida de la individualidad y el retorno a los flujos universales de la materia y la energía, la fusión con el entorno y con el resto del universo. Tras la muerte ya no somos nosotros, pues nos hemos hecho uno con el universo. En cierto sentido, subsistimos, pero no como nosotros, sino como el todo, como el universo, como lo que el pensamiento indio clásico llamaba Brahman.


La naturaleza humana, Jesús Mosterín. Ed. Gran Austral.


La muerte continúa siendo una asignatura pendiente para todo el corpus de sabidurías del mundo occidental, obsesionado con el progreso material y el conocimiento de las estructuras más superficiales de la materia, con todo aquello que pueda tener un fin práctico. Se suele decir que la ciencia moderna sólo tiene sentido ubicándola dentro del marco de un sistema productivo. Conocer la materia para manipularla y hacer uso de ella, desde crear un mueble más consistente o cómodo hasta la fabricación de los más avanzados ordenadores. Pero ¿qué hay de la hermenéutica y de la filosofía, de la interpretación profunda del mundo y de la creación de una visión del ser humano en comunión con el universo?.

El citado párrafo, escrito por Don Jesús Mosterín, es un pequeño rayo de luz, una base a partir de la cual se puede ir trabajando. La vida tiene un sentido y la muerte forma parte de la vida. El cosmos es un todo que se autodestruye y se autoregenera, y ése es el ritmo de su existencia. Todos los seres vivos bailamos con la misma música, somos cosmos y de eso sí que no se libra nadie. Vida, muerte, regeneración, vida, muerte, regeneración. El ciclo de los mundos parece infinito, nada muere en realidad, sino que se transforma, se regenera, se convierte en otra cosa. El conocimiento científico nos acerca a esa verdad maravillosa, sin necesidad de vanas creencias en un “más allá” que nos sirva de consuelo. Sin embargo, algo todavía está fallando, pues el humán no encuentra un sentido universal a su limitada existencia temporal.

Se acusa a las religiones tradicionales de fundamentalistas e involucionistas, entorpecedoras del proceso de conocimiento, pero éstas ofrecen un sentido global que puede ser compartido por una comunidad de creyentes. Tal sentido, como todos sabemos, no procede del conocimiento, sino de la creencia y el dogma, pero, hasta que la ciencia, en connivencia con la filosofía y la educación, no logre articular un discurso explicativo sobre la ubicación del ser humano en el mundo, una explicación en la que éste encuentre regocijo y significado, la mera supresión de los dogmas y las creencias religiosas no hará más que dejar un vacío que acentuará la desorientación y la desesperación de la humanidad.

Y sin embargo, la muerte sigue siendo un tabú y se la considera como algo ajeno a la vida, cuando en realidad la muerte es el clímax de ese baile cósmico, la última gran aventura, lo que de verdad le da sentido a todo. La vida es excepcional, una separación de las corrientes habituales del cosmos, un desequilibrio improbable que, con todo, ha tenido lugar, y eso la convierte en milagrosa. La muerte es el retorno al origen, a la normalidad del cosmos. ¿No es maravilloso?. ¿Porqué tenemos que pensar en la muerte como algo terrible, si al fin y al cabo es el retorno al hogar, al cosmos en su estado habitual?. El retorno a nuestro verdadero origen, en definitiva.

La respuesta es obvia: porque, según parece, y hasta que el conocimiento filosófico o científico demuestren lo contrario, ése retorno al origen exige pagar un precio. El precio de perder la conciencia individual, de dejar de ser un ego concreto. Ciertamente, es un temor razonable: ¿para qué sirve saber que hay continuidad después de la muerte si en esa continuidad no cabe el ego?. Yo, José A. Peig, cuando muera, seré parte del todo, pero ya no seré José A. Peig, sino una conciencia de todo. Para la mayoría de la gente, disfrutar de una vida inmortal dejando de ser una conciencia individual no tiene sentido. Por eso, lo que la ciencia ha sido capaz de explicar a día de hoy sobre la posición del humán como parte de un todo, no sirve para crear ese sentido universal que destronaría para siempre al poder del temor a la muerte, el gran temor que ha esclavizado a la humanidad desde tiempos inmemoriales.

Cuando la ciencia, de la mano del conocimiento empírico y de la adecuada interpretación de la relación entre el hombre y el universo, sea capaz de explicar el hecho de la muerte de manera que ésta sea entendida como un elemento clave y sustancial en la existencia global, entonces la humanidad dará un paso de gigante hacia la verdadera libertad. Ése es un punto trascendental. La muerte debería ser una asignatura obligatoria en los colegios de primaria, en los institutos, en la televisión, como aprendizaje para la vida.

Y por último, ahondando en el enigma, si después de la muerte hay algún tipo de continuidad en la que formamos parte de la conciencia del todo, ¿en qué consiste esa percepción del todo?. ¿Cómo se disfruta el todo viéndose a sí mismo como un todo y por toda la eternidad? Imposible siquiera imaginarlo, porque sólo conocemos (en nuestra actual existencia de unidades individuales) el estado de conciencia individual. Más allá está Brahman y su misterio.

Y terminamos con estas palabras de Jesús Mosterín, para poner su acertada rúbrica final:

Dando rienda suelta a nuestra curiosidad, indagando las criaturas que nos rodean y los astros lejanos, escrutando el universo, encendemos en este planeta el fuego de la conciencia cósmica. Cuando en febrero de 1987 llegó a la tierra la primera luz procedente de la supernova que había explotado 163.000años antes en la gran nube de Magallanes, rápidamente trasmitió la noticia y todos los observatorios del hemisferio sur apuntaron en ésa dirección. Quizá en ese momento el universo- a través de nosotros- se dio cuenta de que había sufrido tal explosión. O quizá ya se había enterado antes, a través de otra conciencia que habitase un planeta más próximo a la supernova.

El universo es el máximo individuo, la entidad omniabarcadora; es lo más grande con lo que podemos identificarnos y en lo que podemos intencionalmente integrarnos. El Universo es todo, es el todo y, en la medida en que la palabra Dios tenga un sentido no supersticioso, el Universo es Dios. El Universo con el que nos identificamos y al que cada vez conocemos mejor a través de nuestra ciencia, nos abarca, nos incluye, nos sostiene, nos llena de admiración, reverencia y fervor. Lo que sentimos ante el Universo es un sentimiento panteísta, que es el único tipo de religiosidad compatible con la racionalidad y con la ciencia.

La ciencia sin mística corre el riesgo de quedarse en mera gimnasia metodológica. La mística sin ciencia fácilmente degenera en autoengaño y superstición. Solo la jugosa conjunción del conocimiento científico con el sentimiento místico nos permite aspirar a alcanzar aquel estado de exaltación lúcida y plenitud vital en que consiste la comunión con el Universo. Sintonizar con el Universo, sentarnos en el trono de Dios, acompasar el pálpito de nuestro corazón a un latido divino, ¿qué más se puede pedir?.


* José A. Peig
EL MAR Y LA GUERRA
* José A. Peig

Las guerras son siempre malas, pero a veces pueden ser legítimas o inevitables. A un joven ingenuo como yo no se le escapa el hecho de que la guerra puede ser motor de cambios, revoluciones, defensa de la dignidad, la libertad y la autodeterminación de ideas, pueblos y razas. Soy hombre del Kosmos, pero también vago por los subterráneos del devenir histórico, de la sangre de las estirpes, los clanes y las sectas ideológicas (todas las ideologías son sectarias). Es decir, que yo sé que si los hombres han provocado muertes con el uso de la violencia no ha sido exclusivamente por un mero capricho alimentado desde los rugidos ancestrales que todavía bullen en los genes de la sangre, la rabia y los rugidos de la bestia desde la cual hemos evolucionado a lo largo de muchas eras.

Existen motivos que radican en lo simbólico, en los ideales o en la necesidad de diferenciarse, tener un territorio para no ser un desarraigado, defender unas ideas que otros desprecian con el poder de las armas o con el simple y llano insulto. El ser humano mata porque tiene miedo y necesita hacerse un lugar en el mundo: ésta es mi tierra, ésta es mi ideología, éste es mi dios, éste soy yo. Si amas a mi dios, y a mi tierra, y respetas y comprendes mi ideología, me estas amando a mi. Si no lo haces, te declaro la guerra, si no comprendes lo que yo amo, nada de lo que soy le será útil al mundo, por eso odio lo que eres y a los que son como tu

Leí la noticia de la nueva carnicería del ejército de Israel en el Líbano, con cincuenta civiles muertos, una treintena de ellos eran niños inocentes. La guerra de oriente medio es una guerra que no tiene fin ni origen, ya nadie sabe a ciencia cierta quién empezó la tangana como tampoco nadie acierta a dar con una solución real. Con el tiempo y las generaciones, sólo quedan siglos y siglos de odio trasmitido de padres a hijos, con el adoctrinamiento y la sangre, la sangre digo, pues no me cabe duda que tanto odio acumulado durante tantas generaciones, termina por incrustarse en los genes, y ese pulso del odio va perpetuándose sostenido en las mismísimas estructuras biológicas.

Ahora, el odio hacia Israel ya es imparable, tanto en el mundo occidental como en los países islámicos. Pero ahora más que nunca se necesita de una reflexión fría, de poner a todos los actores de la batalla en su justa medida, comprendiendo y compartiendo los problemas y las cosmovisiones de todas las partes implicadas. Dejarse llevar por el odio hacia los verdugos de turno no conduce a ningún sitio. Lo del gobierno de Israel es terrorismo de estado (con todo lo que ello supone), así como lo de Palestina es el terrorismo de las minorías, de los que no tienen otra forma de defenderse frente a estados omnipotentes que tienen la legalidad y el derecho de su parte. Yo, hoy, soy israelí, soy palestino, soy libanés, soy sirio y soy iraní. A nadie le gusta hacer la guerra, pero cuando hay siglos de incomprensión, de dolor, de traiciones, de saqueos y, sobretodo, de ofensas, los seres humanos que forman parte de un colectivo cultural, compartiendo la fe en un dios, la necesidad de tener un destino y una tierra sobre la que edificar un arraigo, una familia, unas costumbres...Como dije antes, algo tan sencillo y humano como tener un lugar en el mundo, donde ser tú mismo, con los tuyos (la identidad colectiva de la que formas parte), y teniendo la seguridad de que tus vecinos, aunque tengan mejores armas que tú y unas creencias distintas a las tuyas, van a respetarte, amarte y comprenderte incluso en tu diferencia respecto a ellos.

Utopía...

El mar mediterráneo me une, todavía más, con aquellos pueblos de oriente, hoy ensangrentados sin remisión, y amenazando con una conflagración que puede acabar teniendo ecos de alcance mundial. Es curioso comprobar que la mayoría de las profecías que han ido publicándose en los últimos años señalaban al año 2006 como el del inicio de la debacle en oriente medio, precedida por la muerte de Arafat, tal y como anunció Michael Drosnin en su famoso best-seller sobre el supuesto "código secreto de la Biblia". Ni soy catastrofista ni creo que el futuro esté escrito en parte alguna, pero me llama la atención la precisión de algunos de estos pronósticos. Y lo digo porque hoy, al ver las fotografías de esos niños asesinados, he sentido un odio y un asco inmensos.
Y todo ese dolor y ese resentimiento, para un padre que ha perdido a su hijo, para un musulmán que contempla cómo estan expoliando y asesinando a los suyos, no se cura ni en semanas, ni en diez años, ni en diez milenios. Y el pulso del odio impone la venganza y la autodefensa irracional. Por tanto, nunca se me hizo tan plausible la idea de que caminamos hacia una destrucción total, aunque espero que no sea irreversible y los que logremos sobrevivir a la barbarie podamos levantar un nuevo mundo aprendiendo de los errores de la vieja civilización, sin más dioses que los que brotan del amor a las cosas del mundo, viviendo en paz con nuestras diferencias, tanto individuales como colectivas.

El mismo mar mediterráneo que ahora contemplo, el que me enseñó la ternura, la magia de la vida, el arte de la comprensión y la alegría de mis pasos en cada atardecer, es el mismo mar que baña las tierras de Israel y el Líbano, las tierras del odio, de la incomprensión y la miseria humanas. A este lado de la orilla, reina mi paz. Allá en el horizonte oriental, se desencadena un infierno. El mediterráneo, en todo caso, es lo que nos queda y nos une.

8 de julio de 2006



ORIOL BOHIGAS
- El arquitecto político

Arquitecto, urbanista, político, músico vocacional, editor, escritor y personaje público. Una biografía repleta no cabe en la vida de este catalán enérgico e insaciable al que su hijo describió de manera categórica: sólo hay una cosa peor que conocer a Oriol Bohigas (Barcelona, 1924), no conocerlo.

- Entrevista de Anatxu Zabalbeascoa
(El País Semanal 2000)


" La vida es dos pasos adelante y uno atrás. Las convicciones tienen que ser radicales, pero flexibles. Un arquitecto descubre que las cosas funcionan cuando es capaz de ceder lo suficiente para que sus ideas se conviertan en realidad y dejen de ser mera ideología abstracta.

En política se debe partir siempre de ideas muy simples y básicas. Son las únicas que pueden perdurar. Uno cree en la libertad, la igualdad y la fraternidad, o no. Elegí estudiar arquitectura por casualidad. Quería ser historiador como mi padre; pero en la familia burguesa a la que pertenecía, esa aspiración fue vista como poco rentable. Muy pronto, pues, comprendí las posibilidades políticas de la arquitectura. El arquitecto debe entender la realidad que pretende construir, y de ahí a tener una posición política sólo hay un paso.

Los mayores errores de mi vida han sido detalles, a veces cosas prácticas: proyectos que han salido mal, falta de conocimiento de idiomas (tuve que aprender inglés con cuarenta años). Tal vez, si volviera a empezar hoy trataría de ser más arriesgado como arquitecto y como estudiante. En mi vida personal, lo que he querido arriesgar ya lo he arriesgado, y me parece que he corrido el riesgo suficiente, el que necesitaba. No variaría mis grandes decisiones.

Tengo un hijo arquitecto que no trabaja conmigo. Lo comprendo. Ser hijo de la misma profesión tiene muchas ventajas, pero grandes inconvenientes. Cuando haces una cosa que está bien te dicen que te lo ha hecho tu padre, o al revés, cuando una cosa no gusta dicen que tienes tan mal gusto como tu padre... Ha hecho bien en independizarse.

Puedes ver algunas de sus obras en mi álbum de fotos: Oriol Bohigas

Gran parte de lo que sé lo debo a la arquitectura. Mis profesores fueron gente de gran cultura y vocación, cosa que se ha perdido hoy. La persona ampliamente culta ha dejado paso al especialista. Cuando mi generación empezó a trabajar, en los años cincuenta, tuvo que explicar muchas cosas para cambiar la mentalidad del cliente y poder construir edificios modernos. Creo que lo que define a la buena arquitectura es que sirve, pero no es servicial. Coderch y Sostres son para mí dos maestros indiscutibles. Otro arquitecto sabio que supo enfrentarse a la arquitectura siempre con frescura fue Sáenz de Oiza.

Las primeras y las últimas obras siempre me parecen las mejores de cuanto he hecho. Las primeras tenían ingenuidad, y las últimas, madurez. La Villa Olímpica de Barcelona demuestre lo que siempre hemos proclamado: es posible crear un barrio entero con calles, plazas y vida partiendo de cero.

No tengo fe. Soy militante agnóstico. Sólo creo en las cosas fundamentalmente humanas, en una moral colectiva. Hoy, con 75 años, todavía recuerdo como uno de los episodios más duros de mi vida la muerte de mi padre, cuando yo tenía 21 años.

No hago ningún ejercicio físico. Bebo mucho y fumo mucho. Con la vida que llevo, me encuentro bastante bien. Mi generación tuvo una gran desgracia que acabó siendo una gran suerte. Cuando uno empieza a trabajar en una época difícil - como lo fue el año 1951, en que merecía la pena tratar de hacer arquitectura moderna y estar contra Franco - resulta fácil sentirse motivado. Hoy los jóvenes arquitectos no tienen ideales y están desorientados. No saben si quieren ser albañiles o Rem Koolhaas. La libertad desorienta.

Ahora y siempre, ser feliz es tener salud, una profesión que no te haga sentir como un cero a la izquierda y una estructura sentimental que te funcione bien. En este orden".

Para ampliar información:
* Epistolario de Oriol Bohigas
* Contra el tranvía
* Patrimoni i utilitat





24 de junio de 2006


* LA FIESTA *
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Rosario Górriz Fons


" Me resulta muy curioso el que las religiones tengan tantas dificultades con las experiencias místicas como los psicólogos, si es que no tienen más ".

Wilson Van Dusen, La profundidad natural en el hombre


Aquí estoy. Recostada en el suelo, dejo que me inunde esta pacífica lentitud, el ritmo interno y preciso, que al principio me hizo pensar que había muerto. Es un lugar extraño, pero amable donde el aire está impregnado de puntos luminosos que tiñen el cielo de suaves colores. Suena de fondo una música alegre, cantos y risas, pero no sé de dónde proviene, ni porqué estoy aquí.

Sé que hubo una explosión y, aunque no estoy herida, todo parece indicar que la detonación ha abierto una puerta dimensional y me he colado por ella. Ahora será cuestión de buscarla, abandonar este paraje de ensueño y regresar. Pero, cuando pienso en incorporarme, dicho y hecho es todo uno. No sé cómo me he levantado, pero estoy de pie. Necesito comprobarlo, es algo que va con mi carácter, y repito varias veces la acción: tumbada, de pie, de lado, en cuclillas... No lo entiendo, pero acción y pensamiento son uno. Bueno, tal vez pueda desplazarme de este modo hasta la puerta dimensional y... ¡ya he llegado!

Pero aquí no se ve nada. El aire ya no es luminoso y los puntos de luz son, ahora, puntos oscuros, como si estuviera cargado de hollín. Veamos, me pongo a favor del viento y, sí, es humo. Hay un terrible incendio, pero no noto el calor.

¡Un momento! ¿Qué es esto que me cae encima? ¡Claro! Alguien intenta apagar el fuego. Retrocedo y efectivamente está lleno de bomberos. Todos corren arriba y abajo, y a todos les afecta mucho el intenso calor que yo, qué extraño, sigo sin notar.

En uno de los camiones el jefe de bomberos habla por radio pidiendo refuerzos. Espero que termine de hablar y, cuando desciende del vehículo, le pregunto qué ha pasado, pero no contesta. Le toco en el hombro para llamar su atención y mi mano pasa a través de él como si fuera de aire. Me asalta la duda, ¿es él de aire o lo soy yo? Ya entiendo, estamos en dimensiones diferentes, yo le veo desde aquí, pero él no advierte mi presencia. Se que tengo que regresar al fuego, porque es allí donde ha de estar el paso, la puerta, pero antes quiero comprobar que realmente nadie me ve.

Me alejo en dirección a los coches de policía, que están ya muy lejos del incendio, y me acerco con cautela a dos guardias que toman café junto a uno de los vehículos. Aunque parece que tampoco me ven, subo al capó del coche, con una agilidad que a mí misma me sorprende, y doy unos saltos para llamar su atención. Pero nada. Así que, me siento en el techo con las piernas colgando entre ellos. Estoy en medio de la conversación y es evidente que no me van a echar de aquí. Cuando presto atención, el más joven está comentando el trabajo que hubo que hacer, dado el desnivel de la mediana, para que los coches pudieran pasar al otro lado de la autopista y regresar. Decido participar y digo en voz alta:

‭ – ‬Habría sido más fácil hacerlos volver atrás.
‭ – ‬Eso hubiera sido peor - contesta el joven.
‭ – ‬¿El qué? pregunta el compañero.
‭ – ‬Hacerlos volver - y aclara - La autovía sigue colapsada. Es de locos - dice pensativo - No, - concluye volviendo al argumento inicial -, era mejor darles salida por la nacional.
Está claro. No me ven, pero el joven, al menos, parece oírme. Lo compruebo. Doy un grito victorioso y canto a pleno pulmón el "campeooones, campeooones" de los equipos deportivos. Ninguno de los dos hace ademán de oír mis gritos, pero cuando me callo, están hablando de la marcha de sus equipos. Bueno, ahora ya sé cuánto necesito. bajo del coche y , medio en broma y en voz alta, agradezco la información.

‭ – ‬No es nada - contestan al unísono, y la expresión de sus caras consigue arrancarme una sonrisa.

Me acerco de nuevo al incendio y el fuego está ¡vivo! y, para mi sorpresa, ruidosamente alegre. Me obligo a recordar que, aunque el fuego no me quema, el humo si me ciega, y caigo en la cuenta de que si regreso en mitad de las llamas, sin duda, me abrasaré. Pero he de intentarlo, no puedo arriesgarme a quedar atrapada en esta dimensión. Me adentro en el fuego buscando el origen de la explosión y avanzo hasta que tropiezo con un camión cisterna. Lo rodeo y en la parte delantera, donde espero encontrar el paso dimensional, hay un coche empotrado. ¡Mi coche! Ahora lo recuerdo. Viajaba de noche para adelantarme a la operación salida. No había trafico, pero decidí parar en un área de servicio y esperar a que escampara la niebla. Aminoré la marcha y me concentré en las señales. Poco después unos potentes faros me deslumbraron por el espejo retrovisor y, deseando que me adelantara, levanté el pie del acelerador. Luego una fuerte sacudida.

Imagino la cara que pondrán mis nietos cuando les cuente el porqué de mi retraso, pero, ¿realmente he sobrevivido a esto? Si la explosión me ha enviado a otra dimensión, mi cuerpo no puede estar en el coche. No sé, la idea de la muerte vuelve con fuerza, pero me da miedo comprobarlo. No, no puede ser, tengo que estar en otra dimensión, no puedo estar muerta y sentirme tan viva. Es ilógico, es..., es un insulto a la razón, es... ¡Basta! tengo que tranquilizarme, pensar con claridad.

Respiro hondo y pienso en mis hijos, en mis nietos, en los amigos que quedaban vivos y ¡qué absurdo! pienso que he olvidado apagar la luz de la cocina. Bueno - intento consolarme - , he disfrutado de la vida y, si estoy muerta, ha sido una buena forma de morir, una forma más rápida y limpia que seguir envejeciendo hasta que el cuerpo se te va pudriendo en vida.

Me asomo por aquel amasijo de hierros esperando no encontrar nada pero, sí, ahí está mi cuerpo. ¿Cómo es posible? ¿Será que la mente sobrevive un tiempo al cuerpo?

Sí, eso parece ser. Ya noto cómo se acerca el final. Mi visión se está desenfocando. Mi mente se repliega sobre si misma. Ahora es un agujero negro que engulle velozmente imágenes, recuerdos, anhelos y penas de todos mis tiempos. Se contrae. Se prepara para volver al polvo. Mis ojos se cierran y lo que soy se está difuminando en el aire. Lentamente. De no ser por el alboroto de las llamas... Parece que el sentido del oído es el último en desaparecer. Pero, ¿por qué siento ahora como si despertara?¿Habrá sido un sueño? Abro los ojos con cuidado, pues a través de los párpados adivino un exceso de luz, y cuando mis pupilas se acostumbran a la claridad, compruebo que sigo en mitad de las llamas, junto a mi cuerpo carbonizado. No puedo engañarme más, esto es la muerte y no tiene remedio.

De acuerdo, he sobrevivido a la muerte, y ¿ahora qué?
Me pregunto dónde estarán los cielos y los infiernos que vende la religión, y en el fondo me alegra no haber perdido mi ácido sentido del humor. Pero si ellos no tienen razón, también yo estaba equivocada y, aunque ahora la energía de mi cuerpo regresa a la tierra, yo sigo aquí. Soy la misma que horas antes conducía a través de la niebla y, la verdad, no veo más cielo ni más infierno que el que yo misma poseo.

Me asomo a la cabina del camión y descubro otro cuerpo carbonizado. Alguien más ha muerto conmigo. También debe creer que está en otra dimensión, pero podrá verme, oírme, y yo podré comprobar que no sigo soñando. Recuerdo que puedo ir donde quiera al instante - extraña ventaja la de la muerte - y opto por la vía rápida. Deseo estar con él y, fuera ya del fuego, hay alguien gimiendo en el suelo, a pocos metros de mí. Debe ser un acompañante del conductor. ¡Pobre infeliz!, tiene quemaduras por todo el cuerpo. Dos hombres le atienden mientras un tercero observa con atención. Bueno, luego buscaré al camionero, no creo que este sobreviva y quiero observar el tránsito. ¡En mi caso ha sido tan rápido!

Me acerco decidida, sabiendo que no pueden verme, pero uno de los hombres sale a mi encuentro y me pide que no dé un pasos más. Su voz suena extraña. ¡Claro! no es un hombre, es una mujer y su cara me recuerda..., sí, tiene la placidez de la Gioconnda. Cuando vuelvo a prestar atención a sus palabras, está diciendo:

‭ – ‬... Eso alterará al enfermo.
‭ – ‬¿Puede usted verme? - es todo lo que alcanzo a decir.
Me mira, como si de pronto comprendiese, y dice:
‭ – ‬ Sí, del mismo modo que me ve usted a mí.
Sé que hay personas que afirman ver a los muertos y, aunque nunca lo he creído, deduzco que debo estar ante una vidente.
‭ – ‬Verá - le explico - , sólo quiero observar el proceso de la muerte. Aún no estoy segura de seguir... ¿viva?
‭ – ‬ Creo que no lo entiende - dice con suavidad - . Aunque se acerque, no podrá ver nada porque ya está muerto.
Calla esperando mi respuesta, pero tiene razón, no lo entiendo.
‭ – ‬Si los dos estamos muertos, ¿por qué él está carbonizado y yo no?- pregunto finalmente.
‭ – ‬Verá, de algún modo es responsable... - titubea - Aún no sabe que está muerto, pero... - hace otra pausa, fija la mirada a lo lejos, detrás de mí, y sin perder el tono suave, dice tajante - Tengo que irme, él me necesita más que usted.

¿Enfermo, muerto? Esto no tiene sentido, es como vivir una pesadilla. El desaliento me impide seguir de pie y, más que caer sentada, me derrumbo. Sollozo, llorando como una criatura. Me siento sola, más aún, abandonada, y no entiendo nada.

Intento salir de la desesperación pensando en Julia, mi hija. Ella siempre decía que no puedes cambiar lo que ocurre a tu alrededor, pero que siempre, siempre, puedes elegir la forma de vivirlo. Esa actitud nos ayudó a superar su trágica muerte, pues en su memoria hicimos el esfuerzo de vivir su recuerdo con amor y no su pérdida con amargura. Ahora, intento aceptar mi muerte del mismo modo, pero esta soledad lo hace todo más difícil.

Miro hacia el herido. está más tranquilo, como sedado. Lo trasladan en unas extrañas parihuelas; parece, no sé, es como si hubieran condensado el aire para construirlas. La mujer, que ahora camina junto al herido, gira la cabeza y saluda con la mano a modo de despedida. Pienso en irme con ellos, pero no haga nada por seguirlos. Aquello no va conmigo. Lo sé. No sé cómo, pero lo sé.

El fuego está casi controlado. El griterío de las llamas es sólo un murmullo quedo, y se oyen, a lo lejos, la música y las risas del principio. Sí, alguien, además del fuego, celebra una fiesta.
Algunos bomberos empiezan a recoger el equipo; otros, exhaustos por el esfuerzo, descansan junto a la ambulancia que, cuanto todo termine, trasladará los cuerpos calcinados. Luego, la enorme grúa que acaba de llegar retirará el revoltijo metálico de la calzada, la autopista engullirá´, como siempre, el tráfico de las vacaciones y la vida, como si nada hubiera pasado, seguirá.

Oigo de nuevo, con mayor intensidad, las risas de esa fiesta que no consigo ubicar. No estoy de humor para fiestas. ¡Estoy muerta! Como tanta otra gente, pienso con ironía. Pero, ¿dónde están todos los muertos? Y, dicho y hecho - empiezo a cansarme del juego -, desfila ante mis ojos una gran multitud. Es evidente que no están ahí. Es como una película y no quiero ver más. No son multitudes la compañía que busco. Quiero ver a los míos, darle a Pepe un tirón de orejas por dejarme viuda antes de tiempo, abrazar a mis padres, a los amigos que partieron antes que yo, pero sobre todo a Julia, mi hija.

‭ – ‬ ¿Dónde estás, hija? - me sorprendo diciendo en voz alta.
Y escucho detrás de mi una voz conocida, entrañable:
‭ – ‬Te estamos esperando, mamá. Hay una gran fiesta y tú eres la invitada de honor. Ven.

22 de junio de 2006

Un remedio para la tristeza

Lo mejor para la tristeza - contestó Merlín, empezando a soplar y a resoplar - es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer horas y horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor; puedes ver el mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; O saber que tu honor es pisoteado por inteligencias inferiores. Entonces sólo hay una cosa posible: aprender.

Aprender porque se mueve el mundo y lo que hace que se mueva. Es lo único que la inteligencia no puede agotar ni alienar, que nunca la torturará, que nunca le inspirará miedo odesconfianza, y que nunca soñará con lamentar, de lo que nunca se arrepentirá.

Aprender es lo que te conviene. Mira la cantidad de cosas qeu puedes aprender: La ciencia pura, la única pureza que existe. Puedes aprender. Astronomía en el espacio de una vida. Historia Natural en tres. Literatura en séis. Y entonces después de agotar un millón de vidas en Biología, Medicina, Teología, Geografía e Historia y Economía. Pues entonces puedes empezar a ahcer una rueda de carrera con la madera más apropiada o pasar cincuenta años aprendiendo a empezar a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes empezar de nuevo con las Matemáticas hasta que sea tiempo de aprender a arar la tierra.

5 de mayo de 2006


Anarquía ontológica en pocas palabras - Prólogo

* Hakim Bey - INMEDIATISMO

Puesto que absolutamente nada puede ser predicado con alguna certidumbre real acerca de la "verdadera natura-leza de las cosas", todos los proyectos (como dice Nie-tzsche) Sólo pueden estar "basados en nada". Y aún así debe haber un proyecto aunque sea sólo porque nos resistirnos a ser categorizados como "nada". A partir de la nada haremos algo: el Levantamiento, la revuelta con-tra todo lo que proclama: "La Naturaleza de las Cosas es tal-y-tal". listamos en desacuerdo, somos antinaturales, somos menos que nada ante los ojos de la Ley Ley Divina, Ley Natural o Ley Social , escoge la que quieras. A partir de la nada imaginaremos nuestros valores, y por este acto de invención viviremos.

Mientras meditamos sobre la nada nos damos cuenta de que aunque no puede ser de-finida, a pesar de todo paradójicamente podemos decir algo sobre ella (incluso aunque sólo sea metafóricamente): parece ser un caos. Como mito antiguo y como "nueva ciencia" por igual, el caos está en el corazón de nuestro proyecto. La gran serpiente (Tiamat, Pitón, Leviatán), el caos original de Hesiodo, preside el vasto y largo sueño del Paleolítico -antes de todos los reyes, sacerdotes, agentes del Orden, la Historia, la jerarquía, la Ley. "Nada" empieza a tomar una cara -el suave, sin rasgos, rostro-de-huevo o calabaza del Sr. Hun-Tun, el caos-como-convertirse , el caos-como-exceso, la generosa efusión de la nada dentro de algo.

En efecto, el caos es vida. Toda confusión, toda revuel-ta color, toda urgencia protoplásmica, todo movimiento es caos. Desde este punto de vista, el Orden aparece ) como muerte, cesación, cristalización, silencio extraño.

Los anarquistas han estado proclamando durante años que "la anarquía no es el caos". Incluso el anarquismo parece querer una ley natural, una moralidad interior e ¡nata en la materia, una entelequia o propósito-de-ser. No mejores que los cristianos en este aspecto, o eso creía Nietzsche -radicales sólo en lo profundo de su resentimiento.) El anarquismo dice que "el Estado debería ser abolido" sólo para instituir una nueva forma de orden más radical en su lugar. La Anarquía Ontológica replica n cambio que ningún "estado" puede "existir" en el caos, que todas las afirmaciones ontológicas son espurias excepto la afirmación del caos (que sin embargo es indeterminado), y por tanto que la gobernación de cualquier tipo es imposible. "El caos nunca murió". Cualquier forma de orden" que no hayamos imaginado y producido directa espontáneamente en pura "libertad existencial" para nuestros propios propósitos celebratorios es una ilusión.

Desde luego, las ilusiones pueden matar. Imágenes de castigo rondan el sueño del Orden. La Anarquía Ontológica propone que despertemos y creemos nuestro propio día -incluso en la sombra del Estado, ese gigante pustulado que duerme, y cuyos sueños de Orden metastasizan como espasmos de violencia espectacular.

La única fuerza lo bastante significativa para facilitar nuestro acto de creación parece ser el deseo, o como .Charles Fourier lo llamó, la "Pasión". Igual que Caos y Eros (junto con la Tierra y la Vieja Noche) son las primeras deidades de Hesíodo, así también ninguna empresa humana ocurre fuera de su cosmogénico círculo de atracción.

La lógica de la Pasión lleva a la conclusión de que todos los "estados" son imposibles, todos los "órdenes" ilusorios, excepto los del deseo. No hay ser, sólo convertirse -de ahí que el único gobierno viable sea el del amor, o la "atracción". La Civilización meramente se oculta a su misma detrás de una delgada cobertura estática de racionalidad la verdad de que sólo el deseo crea valores. Y así los valores de la Civilización están basados en la negación del deseo.

El capitalismo, que afirma producir el Orden mediante la reproducción del deseo, de hecho se origina en la producción de la escasez, y sólo puede reproducirse en la insatisfacción, la negación y la alienación. Mientras el Espectáculo se desintegra (como un programa de Realidad Virtual que funcione mal) revela los huesos descarnados de la Mercancía. Como esos viajeros en trance de los cuentos de hadas irlandeses que visitan el Otro Mundo y parecen comer delicias sobrenaturales, nos despertamos en un legañoso amanecer con cenizas en nuestras bocas.


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1 de mayo de 2006


La búsqueda, cruzándose rostros conocidos,
el me dijo que todos buscaban algo, ¡y qué!,
el era un camionero sin ruta,
durante demasiado tiempo con los pies en tierra,¡ja!

29 de abril de 2006


La posteridad y lo nuclear: nuestra ética hedionda

Wu Ming 1

“Lo que desechamos vuelve para consumirnos”, dice Nick Shay, protagonista de Submundo de Don De Lillo, en el epílogo de la novela. Epílogo de título significativo, “Das Capital”, tal vez para significar que ningún análisis, ninguna teoría ni ningún discurso sobre la producción tiene hoy en día el más mínimo sentido si no tiene en cuenta el Gran Problema: nuestra basura, la mayor montaña del mundo. La mole que aplasta el futuro.

En la última década también cierto pensamiento crítico neomarxista se ha dejado engañar por los espejismos, hablando de la “inmaterialidad” de la producción (y del trabajo) en la economía “postfordista”. Se trata de una teoría fundada por entero en una estratagema: esconder el polvo (es decir, la cuestión ambiental) bajo la alfombra, alimentando “desde la izquierda” la creencia supersticiosa en el “crecimiento” y en una riqueza social ilimitada. Un filón de pensamiento “que se cayó en la marmita de pequeño”, como Obelix: descendiente del obrerismo de la época del boom , crecido en los años 70 de la “expropiación proletaria”, del “derecho al lujo” y del desprecio por la Austeridad , en la década pasada se adhirió a las paredes de la burbuja de la new economy sin poner jamás en duda sus propios mitos fundacionales. Ninguna crítica seria del consumo, ningún análisis de los límites del “desarrollo”. Así, este pensamiento está caracterizado por un auténtico horror por la idea misma de “límite”.

A pesar de este “inmaterialismo”, nunca en la historia de la humanidad se había producido tanta materia (desechos, vertidos, basuras), se habían destruido tantos recursos, se había consumido de forma tan irresponsable. A la basura tradicional, la “obsolescencia programada” de las mercancías de las últimas generaciones ha añadido la llamada e-waste : cada año, miles de millones de toneladas de ordenadores, cd-roms, disquetes, teléfonos móviles, baterías, cargadores, mandos a distancia (productos que se vuelven “obsoletos” en un abrir y cerrar de ojos o cuya reparación se considera imposible o “antieconómica”) terminan en los vertederos y después en las incineradoras, creando una gran nube de dioxinas que nos envenena a nosotros y a todas las especies vivas.

Cuando en televisión se habla la neolengua de la “productividad”, del “reimpulso del consumo” y de las “necesidades energéticas”, bastaría pensar en los desechos para entender de qué se está hablando de verdad.

El planeta no es nuestro; nos lo han prestado nuestros descendientes. Recurriendo precisamente al autor de “Das Capital”: “Ni una sociedad, ni una nación, ni todas las sociedades de una misma época son dueñas de la tierra. Son sólo sus poseedores, sus usufructuarios y tienen el deber de devolvérsela mejorada, como bonis patres familias , a las generaciones siguientes” (“La nacionalización de la tierra”, en Karl Marx, Documentos de la Asociación Internacional de los Trabajadores ).

Al contrario, si no damos marcha atrás en seguida, limitando nuestro consumo y abandonando las producciones contaminantes, seremos malditos por las generaciones venideras.

El mejor ejemplo de esta hipoteca sobre el futuro —y de esta puesta en peligro de la vida de nuestros sucesores— es el problema de los residuos nucleares, la categoría más peligrosa de desechos. Todavía hoy, no sabemos cómo indicar a nuestros descendientes la peligrosidad de estos materiales.

En julio de 2002, el Senado de Estados Unidos autorizó el almacenaje de 77.000 toneladas de basura nuclear en Yucca Mountain, Nevada. La construcción del depósito subterráneo costará cerca de 60 millones de dólares. El tiempo de actividad del plutonio es de alrededor de 25 mil años. Doscientos cincuenta siglos. La ley americana se “contenta” con prescribir el aislamiento hasta el año 12.000 d.C.

La Environmental Protection Agency ( epa : Agencia Federal para la Defensa del Medio Ambiente) se ha preguntado de pronto cómo señalar el peligro a quienes vendrán después de nosotros, y después de nuestros tataranietos, y después de los tataranietos de nuestros tataranietos. Se ha formado una comisión compuesta por arqueólogos lingüistas, futurólogos, matemáticos, artistas e ingenieros, cuyo objetivo es encontrar un material, un lenguaje, un conjunto de pictogramas que sigan estando íntegros y siendo comprensibles tras diez mil años.

Existe un precedente importante, el de la Waste Isolation Pilot Plant, en Carlsbad, Nuevo México. El proyecto ha estado en marcha durante una década, el relleno del depósito se completará en el año 2033. Para señalar el sitio, el Departamento de Energía ( doe ) ha puesto a trabajar a dos comisiones.

No es una tarea baladí: se calcula que en un período entre quinientos y mil años cualquier lengua será incomprensible para los descendientes de quienes las hablaban. Hoy en día, aparte de un puñado de arqueólogos y filólogos, nadie comprende el acadio, difundidísimo hace seis mil años en todo el Asia Menor (era la lengua de mercaderes y comerciantes), y nadie sabe leer la escritura cuneiforme.

También los símbolos y pictogramas se revelan ininteligibles o cambian drásticamente de significado: la esvástica, que hace milenios era el símbolo del sol o de buenos deseos, hoy es un símbolo de muerte, prohibido en muchos países. ¿Qué será en el futuro del trébol, símbolo de la radiactividad creado en 1946? Lo mismo puede decirse de muchos monumentos: el círculo de Stonehenge tiene “sólo” 3.500 años, pero no sabemos qué significa. En lo referente a los mensajes off limits contenidos en las pirámides, está claro que han tenido el efecto contrario, atrayendo a los curiosos. E incluso si nuestros descendientes comprendieran que se trata de una advertencia, no pensarían que sigue siendo válida.

Las dos comisiones del doe han sugerido dos enfoques distintos. El primero está basado en el ejemplo de la piedra Rosetta: un mensaje esculpido sobre granito en diversas lenguas (las oficiales de las Naciones Unidas más el navajo, hablado por los indígenas de Nevada), acompañado de símbolos y diseños (por ejemplo, un rostro asustado). Las objeciones a esta propuesta son muy sensatas: la piedra Rosetta fue traducida, pero por especialistas, no por quienes la encontraron. Además, las piedras de granito situadas en el desierto de Nevada hace cuarenta años para avisar de las pruebas atómicas son hoy invisibles, pues han sido cubiertas por matorrales.

El segundo enfoque consistiría en hacer el lugar lo más amenazador e inhóspito; de ahí la propuesta del arquitecto Michael Brill de crear un “paisaje de espinas”, una milla cuadrada de espinas de basalto negro de quince metros de alto, que salgan del suelo con distintos ángulos. Otros han propuesto ordenar las espinas de acuerdo con un diseño determinado. La objeción es que todo esto sería interpretado como arte monumental y atraería a los curiosos en lugar de repelerlos.

Es difícil que la comisión de la epa encuentre soluciones mejores. Algunos artistas han hecho ya propuestas extrañas (probablemente irónicas). Ashok Sukumaran ha propuesto plantar en la Yucca Mountain cactus transgénicos de color azul cobalto, para crear un contraste estridente que señale que algo no va bien. Los cactus serían programados para reproducirse por los siglos de los siglos. Sin embargo, no sabemos si en el futuro Nevada conocerá o no grandes cambios climáticos; aparte, ese tipo de paisaje podría ser considerado bello en lugar de repelente.

Es imposible señalar con seguridad para la posteridad un sitio peligroso, porque es imposible prever el futuro. En los próximos siglos podría producirse todo tipo de cambios sociales, ambientales, geológicos. Baste un solo ejemplo: en la zona, desde 1982, se han registrado 600 terremotos de una magnitud superior a los 2,5 grados en la escala Richter.

La nuclear, por más que digan sus fans, es una tecnología antiética, típico producto del capitalismo, que aplasta todo en un presente eterno y no se preocupa de lo que sucederá. Y el nuclear es sólo uno de los problemas que estamos creando a las personas de las que somos antecesores.

En la novela Venus en la concha , de Philip J. Farmer, puede encontrarse una opinión interesante: “Algunos extraterrestres sostenían que la causa del mal olor de los terrícolas era su dieta, que, incluso entre los chinos, consistía principalmente en salchichas, patatas fritas, bebidas alcohólicas y cerveza. Pero los octópodos de Algol, que eran tal vez la más filosófica de todas las razas, afirmaban que no era algo causado por la alimentación. La psicología influía a la fisiología. Los terrícolas apestaban porque su ética apestaba”. Es probable que en Algol, para producir energía, los octópodos no recurran a la nuclear.


Traducción del italiano de Hugo Romero

* Wu Ming (“anónimo” en chino) es el nombre de un colectivo de cinco escritores y militantes políticos italianos.

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